¡Qué libertad experimentamos al leer la
epístola a los Romanos como expresión epistolar que alguien como Pablo hace a
quienes quieran escucharlo: hoy ayer y en su tiempo! Una posibilidad que se ha
abierto sólo en la esfera del lenguaje. Escuchamos como amigos a este escritor
que nos hace sus destinatarios fuera de toda teología posterior, decidiendo por
nosotros mismos acerca de la verdad de sus conceptos a lo largo de toda una
vida de frecuentar sus himnos.
Nos ubica en la distinción de los dos Adanes, (no
es un tratamiento histórico sino concpetual),en la dualidad que hay en
nosotros, del hacer lo que no queremos, del querer por un lado y del desear por
el otro, de la irrupción de la gracia sobre el deseo y la ley que lo exacerba.
Y lo hace con sinceridad y talento. Es -entre
tanta contradicción dialéctica- coherente consigo mismo. Él fue fariseo y ve la
libertad en la gracia y entronca con la promesa anterior a Moisés. Lo que él ha
visto y lee tiene para nosotros autoridad: sin hacer cuenta de detalles queremos
lo que él dice y lo recibimos en la fe, sin necesitar que coincida con nuestro
momento actual que no tiene para nosotros prestigio: simplemente es el momento
de la liberación, de la evolución de la técnica que va y va.
Tiene de positivo el vacío que se llena sin
embargo con lo que indican las sabidurías: podemos sentir a Homero puro en su
origen, a San Juan en su permanencia suavísima, al Eremita de Grecia y las
raras elegías de su estro sin obstáculos de culturas ni tejido intelectual
alguno.
¡Son nuestras sus palabras, dirigidas a cada
persona, resuenan puras, son verdaderas para nosotros y válidas en el lenguaje!
No hay comentarios:
Publicar un comentario