viernes, 31 de enero de 2014

CÓMO RECIBIR LOS HIMNOS DE SAN PABLO

¡Qué libertad experimentamos al leer la epístola a los Romanos como expresión epistolar que alguien como Pablo hace a quienes quieran escucharlo: hoy ayer y en su tiempo! Una posibilidad que se ha abierto sólo en la esfera del lenguaje. Escuchamos como amigos a este escritor que nos hace sus destinatarios fuera de toda teología posterior, decidiendo por nosotros mismos acerca de la verdad de sus conceptos a lo largo de toda una vida de frecuentar sus himnos.
Nos ubica en la distinción de los dos Adanes, (no es un tratamiento histórico sino concpetual),en la dualidad que hay en nosotros, del hacer lo que no queremos, del querer por un lado y del desear por el otro, de la irrupción de la gracia sobre el deseo y la ley que lo exacerba.
Y lo hace con sinceridad y talento. Es -entre tanta contradicción dialéctica- coherente consigo mismo. Él fue fariseo y ve la libertad en la gracia y entronca con la promesa anterior a Moisés. Lo que él ha visto y lee tiene para nosotros autoridad: sin hacer cuenta de detalles queremos lo que él dice y lo recibimos en la fe, sin necesitar que coincida con nuestro momento actual que no tiene para nosotros prestigio: simplemente es el momento de la liberación, de la evolución de la técnica que va y va.
Tiene de positivo el vacío que se llena sin embargo con lo que indican las sabidurías: podemos sentir a Homero puro en su origen, a San Juan en su permanencia suavísima, al Eremita de Grecia y las raras elegías de su estro sin obstáculos de culturas ni tejido intelectual alguno.

¡Son nuestras sus palabras, dirigidas a cada persona, resuenan puras, son verdaderas para nosotros y válidas en el lenguaje!

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