El ensayo, la literatura en general, los pensadores modernos y posmodernos se han perdido por la cuestión ideológica la posibilidad de hacer escuchar lo más decidor de parte del lenguaje, han desechado, prefiriendo sus sutilezas, al LOGOS DE LA CRUZ: PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.
Motivos ideológicos los privan: la inquisición en la edad moderna, la edad donde el estado quería lentamente edificarse y no existía el derecho constitucional. Juzgado desde ahora les es fácil.
Pero sabemos que la razón de no dar cabida a esta fuerte voz del hombre esta en el ELLO y en el MURMULLO DE LOS DESEOS. Venían hacia una fiesta desde hacía mucho. La moral y la política "moderna" de superficie (mencionemos sólo a Voltaire) bajo una polvadera fenomenal los volvía sordos y ciegos y el formalismo religioso seguía proporcionando motivos.
Sea lo que fuere ¡que sordera, qué ceguera! El crucificado bajo un oscurecimiento trágico y un rompimiento de lo que estaba velado en el Antiguo Testamento lanzó medidas y significativas voces por encima de su dolor. No era un gemido particular de un hombre valiente injustamente condenado. Era el LOGOS Y ÉL ERA DIOS Y ÉL ESTABA CON DIOS DESDE EL ORIGEN.
Su grito al Padre, hacia quien nos enseño a rezar, sale del seno del ser trinitario. No hay más honda manifestación que pudiera alguna vez expresarse. Al momento de la muerte tenía qué decir en el misterio indecible del hombre que era y de Dios en la persona del Hijo de su amor que eternamente es. Así lo llama Padre y le encomienda su espíritu humano, su alma. Es nuestra incorporación al ser infinito ese pedido: en Él NOSOTROS. Un decir con sentido pleno: la cercanía del Hijo con el Padre y el acercamiento del hombre total.
En Juan tendremos que escuchar el CONSUMMATUM EST. Porque también su evangelio es la consumación del Nuevo Testamento.
Acompañamos ese grito fuerte y comprendemos que de lejos el áspero centurión romano haya visto el claro del ser.
Motivos ideológicos los privan: la inquisición en la edad moderna, la edad donde el estado quería lentamente edificarse y no existía el derecho constitucional. Juzgado desde ahora les es fácil.
Pero sabemos que la razón de no dar cabida a esta fuerte voz del hombre esta en el ELLO y en el MURMULLO DE LOS DESEOS. Venían hacia una fiesta desde hacía mucho. La moral y la política "moderna" de superficie (mencionemos sólo a Voltaire) bajo una polvadera fenomenal los volvía sordos y ciegos y el formalismo religioso seguía proporcionando motivos.
Sea lo que fuere ¡que sordera, qué ceguera! El crucificado bajo un oscurecimiento trágico y un rompimiento de lo que estaba velado en el Antiguo Testamento lanzó medidas y significativas voces por encima de su dolor. No era un gemido particular de un hombre valiente injustamente condenado. Era el LOGOS Y ÉL ERA DIOS Y ÉL ESTABA CON DIOS DESDE EL ORIGEN.
Su grito al Padre, hacia quien nos enseño a rezar, sale del seno del ser trinitario. No hay más honda manifestación que pudiera alguna vez expresarse. Al momento de la muerte tenía qué decir en el misterio indecible del hombre que era y de Dios en la persona del Hijo de su amor que eternamente es. Así lo llama Padre y le encomienda su espíritu humano, su alma. Es nuestra incorporación al ser infinito ese pedido: en Él NOSOTROS. Un decir con sentido pleno: la cercanía del Hijo con el Padre y el acercamiento del hombre total.
En Juan tendremos que escuchar el CONSUMMATUM EST. Porque también su evangelio es la consumación del Nuevo Testamento.
Acompañamos ese grito fuerte y comprendemos que de lejos el áspero centurión romano haya visto el claro del ser.
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