jueves, 2 de enero de 2014

NO CAMBIAMOS EL MUNDO SINO QUE LO SANTIFICAMOS RECIBIENDO

El mundo encerrado que se fabrican los que han elegido pertenecerle y edifican los mausoleos de los profetas apropiándose de la llave del reino de los cielos mantiene éste en oculto pero nada hay que no vaya a ser desocultado es decir abierto con la luz de la verdad.
El Logos del Padre manda guardarse de la levadura de los fariseos, es decir de quienes viven calculando cosas y medidos por ellas olvidan que "vuestros cabellos están contados" ¿Dónde? En el ámbito del ser donde Dios es su ser y las cosas son como si no existiesen y corren a los agujeros negros.
Nosotros como personas no somos cósmicos ni vitales sino que valemos más que muchos pajarillos y Dios nos tiene ya en su presencia que nos reconoce al ser reconocido delante de los hombres ciegos del mundo por cada uno. El Espíritu Santo hace tal presentación personal y quien la oculte blasfema contra Él. Este es el gran pecado: sumergir la persona en la mundanidad o mejor en la otredad horizontal que se burla del claro del Espíritu santificador y proclama el derecho de Sodoma: lo clausurado frente a Dios, es decir con respecto al ser.
Heidegger lo dijo al final: SOLO UN DIOS PUEDE TODAVÍA SALVARNOS.
Pero he aquí que para ello ha venido y se hizo cercano: tanto que el LOGOS se hizo hombre. Desde su humanidad nos apostrofa: BUSCAD EL REINO DE DIOS Y LO  DEMÁS SE OS DARÁ POR AÑADIDURA. Pero este reino es Él mismo en quien el Padre se ha complacido y en quien nos ha dado el reino.
Lo que nosotros, pequeños hagamos es PARA LLEVAR UN TESORO INCORRUPTIBLE AL CIELO

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