La persona ya fue avizorada por San Pablo y luego consumada en San Juan. Si pasé junto al africano Agustín que la concibió en sus doce libros de Trinitate (y ese fue el gran hecho porque concibió la eternidad del hombre, lo substante) desde allí llegué hasta Éfeso, donde aquellos hicieron su estancia gloriosa. Pablo escribió en el himno a los de Éfeso: "Nos eligió para ser santos e inmaculados ante su faz antes de la constitución del cosmos" Es decir eramos personas antes de la creación en la Persona del Verbo. Y fuimos hechos para la alabanza de la gloria de su gracia con la cual nos agració en el amado. Fuimos hechos en su Hijo para alabanza de la gloria que poseen las tres Personas. Mas esa gloria nos la dio a nosotros en la gracia. Luego alabarlo a Él es ser potenciados nosotros mismos con su gracia que es la CARITAS. Y CARITAS ES AMISTAD CON ÉL, CERCANÍA.
Debemos alegrarnos de que aquí no hay enajenamiento en el ir hacia la alabanza de la gloria sino un boomerang que vuelve sobre nosotros según lo confirma San Juan al final de la oración sacerdotal: TÚ EN MI Y YO EN ELLOS. Compréndase lo inaudito de esta declaración: ¡ÉL VERBO DEL SER EN NOSOTROS...PERSONAS....NO COSAS
Aquí nada se puede alegar en contra de esto: somos morada de Dios en el ESPÍRITU, como concluye Pablo. Tal es la revelación del ser, que lejos de esconderse se entrega con toda precisión a alguien que solamente ha recibido en Villa Dolores, Córdoba, Argentina lo que Pablo y Juan escribieron en el camino que acabo de hacer por casualidad hace unos meses: de Roma a Éfeso.. Quien tenga oídos puede oír pero el oír llama a despertar la razón que se difierencia de sí con respecto a sí misma como nos enseñó Heribert Boeder todos estos años. Aquí entran sólo los grandes: los mencionados apóstoles, San Agustín y Boeder. Nosotros recibimos los regalos. Y felicidad ha sido el resultado.
Debemos alegrarnos de que aquí no hay enajenamiento en el ir hacia la alabanza de la gloria sino un boomerang que vuelve sobre nosotros según lo confirma San Juan al final de la oración sacerdotal: TÚ EN MI Y YO EN ELLOS. Compréndase lo inaudito de esta declaración: ¡ÉL VERBO DEL SER EN NOSOTROS...PERSONAS....NO COSAS
Aquí nada se puede alegar en contra de esto: somos morada de Dios en el ESPÍRITU, como concluye Pablo. Tal es la revelación del ser, que lejos de esconderse se entrega con toda precisión a alguien que solamente ha recibido en Villa Dolores, Córdoba, Argentina lo que Pablo y Juan escribieron en el camino que acabo de hacer por casualidad hace unos meses: de Roma a Éfeso.. Quien tenga oídos puede oír pero el oír llama a despertar la razón que se difierencia de sí con respecto a sí misma como nos enseñó Heribert Boeder todos estos años. Aquí entran sólo los grandes: los mencionados apóstoles, San Agustín y Boeder. Nosotros recibimos los regalos. Y felicidad ha sido el resultado.