Cerramos los libros sapienciales con el célebre libro de Job. Aquí hay en el claro del ser aquello que Heidegger nombra como grima. Hay una elección del santo que experimenta la nulificación que está en el seno mismo de lo disputante del ser. Toda consolación sensible e inmediata se aleja y se entrevee lo sublime de pertenecer a Dios. La frase de Jesús en la cruz: ¿Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado? abre esta dimensión nombrada del "no" que es constitutiva del ser creado o de quien participa del ser y no es su ser. Dios aparece como si no pudiera ayudar en esta nulificación cuando precisamente como lo ve Juan de la Cruz son las noches purgativas para ver a Dios en Dios que sigue siendo un allende para la creatura. El Verbo encarnado se une a esta condición del ser creado y protagoniza aquello que Job no entendía: el Hijo del hombre debe ser rechazado y crucificado: algo más incomprensible de Dios, el cual se hará en el sacrificio o EUCARISTÍA en el amor. Los personajes de Job junto con él y el autor que esto escribía no podían alcanzar lo que nosotros vemos y tampoco comprendemos en su necesidad. Pedro exclamó: Eso no sucederá contigo y por eso recibió el sambenito de Satanás. El camino antropológico nos conduce a una moralina que justifica los golpes de maza de Federico Nietzsche contra ella. Job nos salva de ella con su inocencia purificada por el dolor máximo y abre el camino del mismo Verbo que clama desde la Cruz: ELÍ ELÍ LAMÁ SABACTANÍ.
La sabiduría, la razón que ella despierta ante la visión pascual sí que nos coloca en la cercanía del reino en la METANOIA DE LA FE, DE LA TRANSFORMACIÓN DEL NOYS. Esto se ve con un cambio de mente, con una purificación del sentido y del espíritu.
¡Oh noche que guiaste ...amada en el amado transformada!Amar al amado es filo-sofía ya que a Él, al varón de dolores de le atribuye la sophia.
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