viernes, 12 de octubre de 2012

Mirando desde la razón logotectónica se esperimenta una saludable liberación. Sí estamos en época. Nada más que esta liberación es la de estar enfrascado en una u otra posición reactiva. Ya no más, aunque sea la de Marx, Nietzsche o Heidegger. Para no hablar de las opiniones de los hombres. Tienen su derecho a opinar. Pero pensar es otra cosa desde Parménides a Hegel y de Nietzsche a Heidegger. En cuanto a los posmodernos digamos que su reacción frente al pasado es de tal nivel que los deja navegando solos en la novedad poco novedosa de la doble negación. Bien tienen su espacio: allí estarán detenidos sin comprender porque han renunciado a hacerlo y sin verdad porque se ríen de semejante pretensión gozosa, gaudium de veritate. Digo detenidos si se tratara de la seriedad de Derrida. Nosotros aquí le tomamos la posta a sus denegaciones y tampoco hablamos. Dejamos que lo hablado hable seguro.
La logotectónica en cambio nos libera de denegar: simplemente comprende todo desde el origen, cómo ha sido sin querer enmendarle la plana a nada. Sólo comprende y desde Tales, a quien le pone su categoría: es razón natural o de propia elaboración. Es la primera vez que hay algo semejante y tuvo que ser en Mileto, en Jonia, tierra de la POLIS. Una definida libertad hace falta para esto.  

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