miércoles, 9 de noviembre de 2011

LÍBRAME DEL ELLO Y HAZME TUYO

Dios habla y obra en el pueblo de Israel y le da la ley protectora de la esencia humana según si juicio que es la verdad. Sólo el profeta lo oye: Samuel, después Elías en medio de los reyes prevaricadores y luego Elíseo. Algún rey recuerda la ley como Ezequías que “hizo lo recto a los ojos de Yahveh siguiendo en toda su conducta a su padre David” y así se produce el milagroso fracaso del asirio Senaquerib que alardeaba frente al Dios de ISRAEL. Allí ya estaba el profeta Isaías con sus poemas.
Pero estaba decretada la ruina de Judá como antes la de ISRAEL: “Desecharé el resto de mi herencia y los entregaré en poder de sus enemigos y serán presa y botín de todos pues han hecho lo que es malo a mis ojos y me han irritado desde el día en que salieron sus padres de Egipto hasta el día de hoy”. Y esto sucede por más que otro rey Josías cumple con la ley hallando el libro olvidado en la casa de Yahveh pero no surgió otro igual, Un rara avis en la dirigencia política aparece a veces. Y se derribó y quemó el templo de parte de los Asirios, por más que se celebró una gran pascua en tiempos del buen rey, hasta que el rey Ciro los devuelve a la tierra prometida por medio de una iluminación providencial: un rey persa que es, universalmente, único. Y fue profetizado por Isaías.
Aquí comienza la reconstrucción del templo ¿No se ve el mencionado péndulo en esta historia? Los hombres obran y Dios destina. Pero Dios es cercanía paternal y está al alcance de la oración. De persona a persona se verifica la relación de un Dios que no sólo se revela como Uno sino como relación íntima de tres Personas.
Tal relación ya está a la mano del salmista: Examinemos el salmo 118.

¡Dichosos aquellos cuyo camino es perfecto
que andan tras la ley del Yahveh!

Ya vemos la correspondencia ante el designio del Santo de los Santos. Un hombre se vuelve persona y se hace consonancia, amante de la santidad.

Bienaventurados los que observan tus mandamientos
De todo corazón lo buscan,
no cometen ninguna
Iniquidad, siguen los caminos de él.

Reconoce que Yahveh ha dado sus preceptos para ser guardados cuidadosamente. Desea poder cumplirlos para no quedar confundido y contemplarlos. Pretende guardar sus estatutos y le pide no ser abandonado.
Quienes no quieren creer o la cultura que ha dado esto por superado tras el descubrimiento oficial del ELLO podrá creer que los hombres mismos antiguos se encerraron a sí mismos en semejante cárcel o censura.
Efectivamente el ELLO contiene todo lo que se denomina en los libros de Samuel como abominación e impureza y que hoy es liberado.
El hecho antiguo de este salmo 118 no se absuelve ni se disuelve así nomás. El mundo de hoy disuelto en lenguaje dice: los impulsos son signos y debemos liberarnos de la prisión de hierro de la tradición como si fuera del Faraón y seguirlos para alcanzar la tierra prometida de una liberación ilimitada. El salmista como unos ochocientos años antes de Cristo y del eurocentrismo clama al Dios vivo que les habla que le haga cumplir los mandamientos y busca contemplar su rostro santo. Su anhelo se cumpliría en la visitación del SANTO DE LOS SANTOS.

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