Boeder nos ha mostrado que junto a la esfera del lenguaje late desde siempre el 'ambito de la palabra que se diferencia de si con respecto a si misma, la de la sabiduria.
Tu palabra oh Yahveh es eterna
Permanece en el cielo.
La Palabra que habla permanece diferente de las palabras. Es la Palabra del ser.
Al hablar religa y constituye y mantiene todo en el ser.
Tu fidelidad de generación en generación.
Tú formaste la tierra y perdura.
Como tú lo dispusiste
Así continúa en todo tiempo
Pues todas las cosas están a tu servicio.
Están creadas de la nada y no tienen el ser por sí mismas. El creado a imagen y semejanza existe en la angustia. Por tanto
Si yo no hubiera puesto
mis delicias en tu ley
ya habría perecido en mi angustia.
El DIOS PALABRA le habló y por ello
No olvidaré nunca tus decretos
Porque en ellos me das la vida
Repetir esto ante tanta e incesante moralina que se propala desde el mundo organizado y autosuficiente más que un placer vengativo o reinvidicativo es sabiduría viva y quien lo dice filo-sofa en el claro:
YO SOY TUYO: SÁLVAME
PUES ME EMPEÑO EN HACER TU VOLUNTAD
Bueno llegamos al más acá de la metafísica y del mundo que la contradice: el punto posicional de María, la madre de la persona del Verbo. Esto no necesita explicación racional ni lingüística: se explica a sí mismo:
Hágase en mi tu voluntad.
Y es el objeto de la envidia, del ataque del soberbio que buscó hacer su porpia voluntad frente a la caridad infinita que requiere el SÍ. Así:
Los pecadores me espían para perderme
Pero yo sigo atento a tus preceptos.
Y el salmista juzga bien:
A toda perfección le he hallado el límite
Mas tus estatutos no lo tienen.
Él es quien halla y quien decide: hay libertad y verdad.
Mem es letra de amor y de madre:
¡Oh Yahveh cuánto amo tu ley!
Es mi meditación de todo el día.
Meditación es pensamiento para Heidegger y disposición para el advenir de la presencia en el camino de los simple, de la serenidad sapiente:
Tu mandamiento me hace más sabio
Que mis enemigos
Porque él está siempre conmigo.
Lo repetimos con gozo: no se trata de cursos universitarios ni sínodos ni capítulos ni comunidades omnicomprensivas, en el caso del salmista de escuelas de legistas:
Estoy más instruído que todos mis maestros
Porque tus enseñanzas son mi meditación.
La palabra de aliento, la paráklesis del Espíritu son el movil de su espíritu. Es el Espíritu que habla al espíritu. Y EL ENSEÑA TODAS LAS COSAS Y LE DA LA GRACIA DE CUMPLIR LO MEDITADO EN LA BELLEZA DEL MANDAMIENTO:
Entiendo más que los ancianos
Porque observo tus prescripciones.
Su fidelidad a las palabras indicadas lo endereza y parece a los hodiernos un individualista que no obtiene esto de la comunidad:
No me desvío de tus decretos porque me enseñaste tú.
Es Dios el principio y fin de la vida religiosa. Pero para quien filo-sofa es la sabiduría personal a quien ama y no lo sustituirá por una razón comunitaria al estilo Merleau Ponty. Aquí la resonancia de la Palabra personal del Verbo del Padre es recibida por este antiquísimo testigo de la experiencia del Dios cercano, Yahveh:
¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!
más que la miel a mi boca
Por tus preceptos me hago inteligente
por eso aborrezco todo camino de iniquidad.
Es el don de sabiduría que gusta de las cosas bellas de Dios en el ámbito dulce de la filiación del Espíritu. Lo repetimos: no es individualista sino que está tocado por el Espíritu y descubre con tanta anticipación la persona, que es relacional por sí. Pero primero con Dios se religa y nada le hará obstáculo con los consabidos “otros”, que serán prójimos y donde ha de amar lo mismo que en él brota y le hace exclamar
Tú mismo me enseñaste
Y por ti sigo los mandamientos tuyos.
Bellísima anticipación del diálogo de Jesús con su Padre en la cercanía del ámbito libre el Espíritu.
La letra Nun hará nuestra esta palabra que no pasará de largo por la tenacidad de este poeta lírico:
Antorcha para mis pies es tu palabra
Y luz para mi senda
La palabra en la lectio divina, es decir bajo el claro del Espíritu, ingresa en el poeta iluminando los ojos del corazón para ver lo super eminente que ilumina la senda por donde se medita la palabra, el camino de la verdad que quiere o pugna por realizarse:
Juro y me resuelvo
A guardar tus justas diposiciones.
Hay lucha y padece fuerza la verdad porque es uno, una persona quien se consagra a ella y esto tiene un resultado no agradable al ser sensible, aquel liberado por la ciencia del bien y del mal:
Abatido estoy en gran manera, oh Yahveh,
dame vida según tu palabra
Que es como decir: que se cumpla en mí, no me quede vacío como los ricos y tenga vida en la encarnación de la palabra, no en representaciones ni siquiera en el concepto que mantiene viva toda la ley en la mente sino en mí, en mi persona, en la vida realizada de la palabra que es el Espíritu que gime en mí sonidos inenarrables. No esto escolástica ni contra escolástica: es vida suya en mí.
El salmista que recibe corresponde con una ofrenda poética:
Séate grata, Yahveh
la ofrenda de mis labios
Pero en cada instante incluído en el claro de la gracia:
Enséñame tus designios
La memoria es el escenario de la docencia divina, es decir el interior que es el ámbito de la persona espiritual que tiene un lenguaje nada consonante con su época a cultura ya que parece posesor de la filosofía de la existencia:
Tengo constantemente mi vida en la mano
Pero tu Ley no se aparta de mi memoria
Y la ley es vista como un regalo y no una obligación que es antídoto contra el principe de este mundo que los sacó fuera del paraíso.
Los malvados me tendieron un lazo
mas yo no me desvié de tus preceptos
porque constituyen la alegría de mi corazón.
La fuerza de la voluntad humana, del espíritu que es su libertad queda indicada para siempre sean estas o aquellas circunstancias históricas:
He inclinado mi corazón
a cumplir tus estatutos
para siempre , hasta el fin.
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