miércoles, 9 de noviembre de 2011

LA SABIDURÍA RESTAURA

LA SABIDURÍA DE LA BIBLIA: La biblia narra dos dimensiones: la una la experimentamos cotidianamente, la otra la experimenta quien esta dispuesto y se ha diferenciado de sí mismo o vencido a sí mismo. Sea o no palabra de Dios como lo dice la tradición de la Iglesia, el hecho es que su relato tiene un principio y un desarrollo lógico. Hubo un conocimiento de la materia de lo que Freud llamó ELLO TRAS LA DECISIÓN DE CONOCER EL BIEN Y EL MAL Y un compromiso de quien creó a imagen y semejanza de redimirlo de la caída en el desorden. Es así como ven FREUD y Foucault: los impulsos sin freno y con el freno de la cultura. Lástima para los seguidores que reposan en el supuesto del continuo evolutivo que se vean hoy los límites de tal actualismo. Lo que narra es una experiencia de un pueblo que partió de una familia y que recibió la promesa de una bendición infinita. El pueblo la redujo a la ley aunque la promesa era infinita y concluyó en la gracia. Pero su Dios le habla y lo acerca a sí y algunos le corresponden y se ven por vez primera como personas.

Es cierto, Israel lo percibe como propio a Dios. Así cantaba David:
Por amor de ellos castigo a reyes
No toquéis a mis ungidos
Ni hagáis mal a mis profetas.
Se interpretará étnicamente tal exclusividad sin embargo es un Padre que obra en protección de sus hijos que si son ungidos serán antecesores del Ungido, el Cristo enfocado por la promesa originaria de Abraham que es universal.
David exclama:
Salten de júbilo los campos
Prorrumpan en gritos de alegría
Los árboles ante Yahveh
Pues viene a juzgar la tierra.
Es propio pero los juzga con rigor y vendrá a juzgar a “vivos y a muertos”.
Es sujeto de alabanza:
Porque es bueno
Porque es eterna su misericordia
¡Sálvanos oh Dios de nuestra salvación
Reúnenos y líbranos de las naciones
para que celebremos tu santo nombre.
Y debe salvarlos de la naciones. Se entiende para dominarlas, pero la sabiduría dice: para no caer en sus abominaciones y ser absorbidos por ese mundo cerrado sin Dios y sin espíritu que vive en la alabanza.
Claro está: no lo cumplen ni lo ven sino los santos y profetas. ¿Salvarlos de qué? Del mundo, del cosmos, de la carne. Cuando los cristianos mundanales (medidos por una razón mundanal) decían: los enemigos del alma son tres: mundo, carne y demonio decían una verdad sin fundamento metafísico y sin futuro ¿Por qué el hombre ha sido creado para negar su carne y para ignorar el mundo que lo rodea? Todos quieren disfrutar sean religiosos o no. Y los anacoretas quedaron cada vez más radiados quedando hoy reducidos a la medicina naturista y otras actividades orientales orientadas a la medicina.
Sin embargo:
YAHVEH HA CREADO LOS CIELOS
GLORIA Y MAJESTAD ESTÁN ANTE ÉL

Es solamente desde el “ YO SOY EL QUE ES” donde cobra sentido aquello de la carne, el mundo y el demonio. Tiene su origen en su solicitud de salvar, es decir levantar hacia Él lo que de por sí no merecería tal don. De santificar su nombre.
Pero el hombre siempre se ha visto como coaptado a la carne, al mundo y va efectuando una diabolía de las cosas santas, después que la tradición ha sido cancelada definitivamente por el modernismo y el posmodernismo.
Dios llama a la santidad de su nombre pero cada vez los abandona a las naciones y prevarican y se dividen y son infelices y los cautivan finalmente en Babilonia. Es decir que su Dios, de quien se apropian, de tal modo les exige que terminan siempre enajenados. Ya lo interpretó San Pablo: me dicen no codicies y codicio.
No podemos dejar de recordar a Jesús cuando dice del centurión: en Israel no he hallado semejante fe; y aquel otro que conmovido dijo: verdaderamente éste era el Hijo de Dios.
Está claro que no se trata de pueblos étnicos sino de PERSONAS, que ven o no ven. Y aquí los videntes son los profetas, los que se “glorían en su santo nombre”.
Dios es YO SOY y es Espíritu y es Santo: al llamarnos hacia sí y elegirnos antes de la constitución del cosmos nos hizo para ser santos e inmaculados ante su faz en el amado Hijo. Desde allí va llamando al hombre a ser perfecto como el Padre celestial.
El mundo, lo de afuera del paraíso, siempre será finito y se cerrará a semejante destino. Aceptará o no al profeta, al hombre de Dios. Posteriormente los santos serán como puertas angostas por donde se ve la vida eterna.
Y el santo es simplemente el dispuesto a recibirlo:

Inclina tu oído y escúchame
Porque soy desvalido y necesitado.
Preserva mi vida porque soy santo
Salva a tu siervo que espera en ti.
Tú eres mi Dios

Se trata de la posesión del menesteroso del pobre en espíritu que responde a ese Dios que visto desde fuera parece terrible y exigente y sentido por el verdadero religioso (para nosotros filo-sofo) es así:

Porque tú eres un Señor bueno
Y pronto a perdonar
Lleno de gracia para todos los que invocan.

Y el salmista no se cansa de dirigirse a Él y le habla directamente porque siente su cercanía:
Escucha Yahveh mi ruego
Presta atención a mi súplica.

Y lo necesita porque:
En el día de mi aflicción clamo a ti
Porque Tú me oirás.
Y después se vuelve universal la plegaria y predice que todas las naciones vendrán y “proclamarán tu nombre”.
El salmista movido en su oración por el Espíritu nos abre el camino a nosotros diciendo:
Pues grande ha sido
Tu misericordia para conmigo
Y libraste mi alma
De lo más hondo del abismo.

Nosotros estamos sentados sobre volcanes en un planeta insignificante en medio de una explosión cósmica inmensurable. Pero antes de saber esto el poeta santo se dirige al ser fuera de los entes y le dice:

Vuelve hacia mí tu rostro.

El ser del ente tiene rostro para este filósofo anónimo del salmo 85. Exploten volcanes, resuenen los gritos de los hombres en su mundo, sean millones los años luz de la galaxia y billones las galaxias:
Tú solo eres Dios
Enséñame tu camino
Para que ande en tu verdad
Y que el corazón se alegre
En temer tu nombre
El mal lo rodea y pide una señal para que se vean confundidos los que odian a quien ama a Yahveh, quien
Personalmente:

Me asiste y me consuela.

Entre la multiplicidad infinita de cosas e individuos el salmista se sabe rodeado por la solicitud de un padre consolador. El fin del gran cuento lo sabemos: EL ESPÍRITU PARÁKLITO, abogado, cercano, consolador viene del seno de la Trinidad y se cumple la promesa con la filiación. Esto no es una moral, es un hecho, velis nolis.

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