VIII
Ahora bien, la originalidad del relato está en la naturalidad y frescura del joven David que se cuenta como humano en sus relaciones y abierto a Yahveh que es lo que aquí interesa mostrar. El enfrentamiento con Goliat lo muestra como un enviado de Dios, quien lo libro de las fauces del león y del oso y lo hará vencer. Hay una experiencia de Dios, diferente que la del vidente Samuel. Y a él le será dado aquello que Yahveh quiso evitarle a su pueblo: el poder desde donde finalmente invadirá la corrupción.
Su historia así tendrá esta realidad mundana encima, pasando de pastor a heredero del reino, perseguido por Saúl, donde David muestra su piedad con “el ungido de Yahveh” y con sus mandamientos. El padecimiento no se lo quita porque tarda Saúl en morir y después queda el problema de la sucesión con el hijo que aspira al cargo aunque David sea el ungido y sigue la descripción de las relaciones de fuerza objeto del interés histórico. En la Biblia hay otra dimensión, la de Dios.
De hecho primero reina sobre Judá y recién después por la muerte del hijo de Saúl vienen los ancianos a nombrarlo rey al que había sido ungido tanto antes por Samuel. Una cosa es la dimensión de Yahveh y otra la de los hombres: la vertical y la horizontal. Así “David conoció que Yahveh le había confirmado como rey sobre Israel y que había ensalzado su reino por amor de Israel, su pueblo”. Más él vivía las dos dimensiones: la horizontal donde las cosas vienen siendo como en Macbeth o en los reyes de Shakespeare y la vertical donde él se entrega a Yahveh como por ejemplo en la danza alrededor del arca traída a Jerusalén.
Por un lado siente la necesidad de albergar el arca que deambula en una tienda, ahora en un templo. Yahveh le confirma la bendición del lugar y del poder sobre la tierra pero no necesita un templo, sin embargo le anuncia que será su hijo quien lo edifique y su reino no tendrá fin. David entona una alabanza: NADIE HAY COMO TÚ NI DIOS ALGUNO FUERA DE TI CONFORME A TODO LO QUE HEMOS OÍDO CON NUESTROS OÍDOS. Y destaca la exclusividad de su pueblo, a quien trata como hijo dándole nombre, diferenciándolo de los otros pueblos sometidos a dioses. Este su pueblo fue constituido por Dios y es suyo. Le pide que mantenga su promesa y que “sea estable la casa de tu siervo David delante de tu rostro”.
Aquí hay un claro que pendularmente se obscurecerá. Su hijo será bendito pero caerá de su gracia.
David mientras tanto extiende su reino venciendo a todos y haciendo justicia pero también pecando: precisamente por su pecado y arrepentimiento se le atribuyen los así llamados salmos penitenciales. David desea a Betsabé y procura la muerte del marido Urías en el frente de batalla y recibe por ello el castigo de Yahveh que será rebelión de sus propios hijos bien que el hijo de Betsabée finalmente será el heredero, el mismo Salomón.
Y comienzan, a modo de castigo (David había codiciado la mujer de un súbdito) los conflictos entre los hijos de David hasta la rebelión de Absalón su hijo querido, quien muerto finalmente tras la batalla produce en ese ámbito inmisericorde el llanto de David como quien participaba de la dimensión de Dios: “¡Absalón, hijo mío, hijo mío, ojalá hubiera muerto en tu lugar!” y repetía esto sin cesar sin ser comprendido por sus generales y menos Joab que lo había ejecutado. Y se produjeron sediciones y cayeron cabezas: la dimensión horizontal es así hasta el día de hoy, los entes se estremecen (los bombardeos continúan por quienes rezan). El salmo que canta David a continuación está en este libro y es como modelo de salmos:
Yahveh es mi roca, mi fortaleza y mi libertador
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Clamé alabándolo y quedé salvo
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Conmoviose y tembló la tierra
Vacilaron los cimientos de los cielos
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En inclinó sus cielos y descendió
Las dos dimensiones del cuento, cielos y mundo de los hombres que matan y mueren desde Caín y hacen normal lo anormal.
Librome de mi feroz enemigo
De los que me aborrecían
Porque eran más fuertes que yo
La lucha del hombre consigo mismo acosado por los fuertes de los cuales habla Jesús, aquellos que viene a ocupar lo que creen su lugar, aquellos expulsados por él en el signo típico de los evangelios sinópticos.
Yahveh fue mi sostén
Me sacó fuera, a un lugar ancho,
Salvándome porque me amaba
Todos los salmos insistirán en esto:
Tenía ante mis ojos todos tus preceptos
Y no me apartaba de tus mandamientos.
A pesar de las exégesis de teólogos modernos y posmodernos el leit motiv de la Biblia es el pecado y su salvación:
Tu salvas al pueblo humilde
El pecado del paraíso, la desobediencia hace caer en la soberbia de quien persuade a desobedecer y el torrente de vicios que se producen requieren salvación. Los mandamientos ahora deben estar puestos ante los ojos. Pero su presencia es un hecho para quien los quiere cumplir: no es mera moral pues
Yahveh ilumina mis tinieblas
Es el Dios vivo pues
¿Quién es Dios sino solo Yahveh?
………………..
Quien hace perfecto mi camino
Y con Él derrota a sus enemigos que pasan a ser más allá, quienes pretenden apartarnos de los mandamientos. Por eso no es obra ahora de su fuerza y voluntad sola:
Pues tú me ensalzas
sobre los que se levantan contra mí
Por eso cantaré loores a tu nombre.
No podemos menos que volver a recordar el cántico de María en Lucas 1,46. La dimensión de Dios, la apertura del cielo por la palabra poética es el rasgo característico de este gran cuento.
Magnifica mi alma por la palabra a Dios
Y Dios envía al ángel a decir:
REGOCÍJATE LLENA DE GRACIA
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