sábado, 5 de noviembre de 2011

LA MEDIDA DE DIOS SOBRE SU CREATURA

IX

Destacamos el claro de subida y bajada hasta Dios y desde Dios. El escritor llama a David “el dulce cantor de Israel. El salmo da testimonio del Dios vivo, el DIOS PALABRA:
El espíritu de Yahveh habla por mí
Y sobre mi lengua se halla su palabra.
Hablóme el Dios de Israel,
dijo la roca de Israel:
un dominador justo de los hombres
que gobierna en el temor de Dios
es como la luz de la aurora…
La dimensión del realismo mundano es inundado por la luz del claro y quien gobierna teme a Dios, quien realiza con ellos un pacto eterno que es el de la justicia absoluta es decir, plena, que es el deseo del rey que prefigura al Mesías. Como siempre en toda época el mensaje puro se desmerece por necesidades pragmáticas del momento. Y se pierden los realistas:
el sol que tras la lluvia hace brotar la tierra
en un cielo puro sin nubes.
El claro se les cierra a los que aman las cosas con exclusividad: “No se puede servir a dos amos: a las riquezas, al poder y a Dios”. Por eso hubo un Abraham, Un Moisés y un David que recordaran al Dios cercano. Por ellos les dio a los hombres una `promesa y los mandamientos que los hacen sabios, dando signos de su presencia: su voz directa y el prodigio de sacarlos de la férrea prisión del Faraón para hacerlos suyos, absolutamente diferentes de los otros pueblos presos de sus cosas que los alejan más y más del Dios verdadero. Pero he aquí que cedió y les dio un rey pero profeta al mismo tiempo, depositario de la promesa de la herencia. Glorioso su reinado con el consabido péndulo, el claro oscuro del hombre afuera de Edén.
La vejez de David que reinó cuarenta años lo encuentra en la situación habitual de una sucesión: la puja entre dos hermanos. Por obra del profeta Natán se toman las medidas para que Salomón fuera ungido frente a las pretensiones del otro hermano. Lo leeremos cien veces y lo veremos en otras tantas películas en la inmediatez histórica: la lucha por la sucesión.
Muere David exhortando a Salomón a cumplir los mandamientos, amando a Dios con todo el corazón. Pero sigue el camino de castigo sobre los que deben pagar sus deudas de infidelidad con el rey cuando tuvo que huir de su hijo Absalón, los castigos que son una lógica consecuencia desde el jardín del paraíso. Esto será hasta la cancelación del ojo por ojo en la ley del monte, hasta que la cercanía de Dios haya de ser máxima, hasta que la dimensión del cielo nos incluya definitivamente en la escatología.
Esto se ve claramente en Esteban que ve el cielo abierto y pide el perdón para quienes lo lapidan (Hechos 7). Pero ¿podrá asimilarse en el mundo alguna vez?
Porque vemos que los hombres en esta precisa historia bíblica se cierran ante un Dios cercano que habla y profetas y santos lo escuchan y toman la pluma para interés nuestro. David inicia los salmos que siempre abrirán el cielo por la palabra. Y ahora Salomón será padre de los libros sapienciales que interpelan al hombre para que se vuelva hombre. La dimensión horizontal es como no tiene que ser: él ordena la muerte de su hermano, del general de David entre otros. Como siempre predomina la razón de estado (sin el concepto del mismo). Nosotros hoy oímos el mandamiento: no matarás. Y siguen ordenando la muerte las decisiones políticas de gobernantes que se miden por “razón de estado”, como jueces por debajo de derecho.

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