jueves, 24 de noviembre de 2011

LA ANGUSTIA FELIZ

Ahora viene la letra Caf. Las enseñanzas no bastan, necesita de su auxilio pues

Mi alma desfallece
Suspirando por la salud que viene de Ti.
Desfallecen mis ojos
De tanto esperar tu promesa
¡cuando vendrás a consolarme?

¿Cuándo comprenderá el pensador de hoy que no se trata de filosofía académica y de relaciones linguísticas sino de un efectivo consuelo del PARÁCLITO? Aquí no jugamos con posiciones de pensamiento ni exposiciones literarias sino con vínculos de alabanza y petición a quien puede auxiliarnos. Tal es la esperanza. Pero esta relación en la fe se encuentra con opresores:

He venido a ser como un pellejo
Expuesto al humo
Mas no he olvidado tus estatutos.

La situación existencial es precaria. El mundo ya lo sabemos por los libros anteriores no es maravilloso y nada segura su estancia:

¿Cuántos son los días de tu siervo?

Hace falta una conclusión a las condicionantes:

¿Cuándo juzgarás a los que me persiguen?
El infatuado cavó fosas para mí
El que es contrario a la ley.

La disputa está radicada en la dimensión del ser donde lo sanante comparte el espacio con la malignidad. Pero allí sana su palabra, su ley:

Todos tus mandamientos son verdad
Mas ellos sin causa me persiguen

Entonces la ley no basta, la moral exige gracia:

Ayúdame tú.

Porque él esta solo como profeta en medio del mundo, que es el fuera del paraíso, donde sin embargo se da la disputa.

Casi me han exterminando del país
Pero yo no abandoné tus preceptos

Para ello necesita ayuda y lo confiesa porque debe guardar lo sublime:

Guardaré los oráculos de tu boca.

No será una cátedra universitaria pero parecer ser un auditor del magisterio celestial.

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