sábado, 29 de octubre de 2011

LA POTENCIA DE LOS SALMOS

sometemos con las generaciones.
Ahora seguimos con lo dicho en el argumento.

VII

David tocaba la cítara y su canto sanaba a Saúl. La tradición le ha adjudicado los salmos desde que la narración del libro de Samuel lo pone cantando un salmo entusiásticamente frente al arca del testimonio. En él el reinado pasa a ser litúrgico y profético. Es a Israel lo que Pericles a Atenas: el momento en que en la inmediatez histórica se abre el claro. Si hay cieno es porque hubo lluvia copiosa o diluvio de belleza.
Sabemos que a Jesús se lo llama como Mesías hijo de David porque la gloria que Dios le dio con él a Israel es figura de su triunfo escatológico. Una gran poesía que tiene su inicio en el mismo rey celebra este momento como también el momento fundamental de la tragedia es el del estratega y amigo de Sófocles, Pericles, signo de la DEMOCRACIA, propia de Atenas (no habrá que llamarla profana según la divinizan sin cesar nuestros políticos).
Decimos que se muestra el claro del ser en muchos salmos. Escuchemos a David y comprobemos cómo él ve lo que nadie y así lo canta:
Los cielos atestiguan la gloria de Dios
Y el firmamento predica las obras que él ha hecho
Cada día transmite al siguiente este mensaje
Y una noche lo hace conocer a la otra
Si bien no es la palabra (misma)
Tampoco un lenguaje cuya voz no se perciba.
Por toda la tierra se oye su sonido
Y sus acentos hasta los confines del orbe.
La creación por la PALABRA, expresada con la precisión poética de los siete días en el libro primero del Génesis se interpreta aquí con felicidad y a continuación viene el resto de lo acontecido en los mil años desde Abraham: la ley.
La ley de Yahveh es perfecta
El alma reconforta,
el testimonio de Yahveh es verdadero
sabiduría del humilde.
Los mandamientos de Yahveh son rectos,
Alegran el corazón,
La enseñanza de Yahveh es clara,
Los ojos ilumina.
El temor de Yahveh es santo
Permanece para siempre
Los juicios de Yahveh son la verdad
son la justicia misma, más codiciable que el oro,
oro finísimo y abundante
mas sabrosos que la miel de los panales.

Aquí hay verdad de la que llamamos absoluta hoy como si ella pudiera ser relativa. El entendimiento del mundo así la finge para tranquilidad de sus maquinaciones. Pero hay claro y hay verdad del ser pese a quienes pese.

También tu siervo es iluminado por ellos
Y halla gran galardón en su observancia
¿Mas quien conocerá sus defectos?
Purifícame de los que no advierto.
Preserva a tu siervo para que nunca
Domine en mí la soberbia.
Entonces seré íntegro
Y estaré libre del gran pecado.
Hallen favor ante ti
Estas palabras de mi boca
Y los anhelos de mi corazón,
¡oh Yaveh, roca mía y redentor mío!
Comprobamos que la obra del Padre ha encontrado correspondencia en la esencia obediente y laudatoria del hombre que es rey profeta y sacerdote. Estamos en el año mil, mil años después se cumplen los designios de quien llamó al hombre de la nada. Lo demás es el péndulo del “sí no”. De la necesidad de la finitud que aquí se hace infinita por negación.
El salmo es el 18.

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