IV
Un concepto fundamental: el justo para sí se es ley. Mas la ley antigua fue puesta con amor de padre para Israel: es un Dios fiel y sin iniquidad y reclama la filiación y la lealtad que es un compromiso. Dios se airará con ellos cuando lo abandonen por ídolos y los entregará a sus enemigos, cuando no vean que EL ES Y SOLO ÉL. Sus palabras constituyen la vida del pueblo y el olvido de ellas es castigado. Moisés mismo, a pesar de haber tratado cara a cara con Dios no entra en la tierra prometida por haber infrigido algo de la ley qué él mismo entregó al pueblo. No cuenta cómo pero sí que hay rigor para la ley.
Josué hereda la conducción y cruza el jordán para establecerse en la tierra prometida y recibe también órdenes de Dios mismo. El cuento no decae y los símbolos apuntan al establecimiento de las doce tribus en medio del arca del testimonio. Signo de una ley promulgada por Dios. Cuando el precepto es transgredido Israel es derrotado por los enemigos. Hay que tener en cuenta la necesidad de esto: es Dios mismo, el ser, quien estatuye las reglas, no los hombres. Cuando se siguen los preceptos se producen prodigios a su favor. Y venciendo a los pobladores de la tierra que mana leche y miel se distribuye entre las doce tribus.
Estas como hijas de Dios que les dio la ley requieren solamente de jueces como gobernantes que verifican el cumplimiento de la misma y los acaudillan en tiempos de peligro. Sucesivamente prevaricaban olvidando la ley y adorando dioses falsos. Por eso los pueblos enemigos los esclavizaban. Es la constante del cuento: el olvido de Dios y el avance del mundo circundante con sus dioses y prácticas adversas a los mandamientos. El péndulo de victorias y derrotas está regido por el cumplimiento o no de la ley. El caso célebre de Sansón lo personifica enteramente. Es un nazareo de Dios, sobre su cabeza no pasará navaja. Su fuerza o su debilidad proviene de la fidelidad. Sabemos que una mujer filistea corta su cabello. Fue esclavo cuando prevaricó y muriendo venció con su fuerza a los filisteos, una vez arrepentido.
Israel es libre por otra parte de lo que caracteriza a los pueblos: un monarca. Es la ley su regimiento, su joya, su don.
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