V
Si subrayamos la condición de gran cuento, de sublime narración, lo hacemos sin duda por el sentido que tiene desde su origen. Desde el interior de Dios por el regimiento del padre de una descendencia cuya promesa habrá de bendecir al universo: hacia delante y hacia atrás. La carta a los Colosenses en su himno revela plenamente esto. En él, por él y para él son todas las cosas. Por ello esta narración es la HISTORIA DE LA ETERNIDAD.
La historia de Rut es deliciosa como cada una de las que se inserta en estos libros pero además integra la genealogía del hijo de la promesa del cual pende el sentido desde el comienzo.
Rut expresa lo que cada uno de nosotros dirá en su conversión desde las cosas o entes al ser: No insistas en que te deje…porque donde tú vayas iré yo y donde tú mores moraré yo. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. El habitar en la perspectiva del hijo del hombre convertido al evangelio de la paz hace fundamental esta actitud.
Así llegan con su ex suegra a Bethlehem y se encuentra con Booz, quien como hombre justo cumple la ley del levirato casándose con la nuera de Noemí, de quien era pariente, la extranjera Rut. De ellos desciende el mismo David, el rey de Israel, la figura del Mesías, el cual llegará como rey de la humildad, no en el reino de este mundo.
Cuento hermoso por donde se lo examine y tan verdadero cuanto que requiere del auxilio del Espíritu de la Promesa del Padre para poder afirmar que Jesús es Dios y es su Hijo. De esto se trata desde el comienzo: paternidad y filiación. Personas e imagen. Cercanía y paz. Difícil para los hombres antes y ahora, con o sin derecho internacional, con o sin evangelio. Y sin embargo si amamos este cuento el fin se acerca: el reino de los cielos se pone más acá en la cercanía. Por eso la mujer ha sentido aquello de TU PUEBLO SERÁ MI PUEBLO Y TU DIOS SERÁ MI DIOS. Es Yahveh, el Dios cercano, que nos hace existir o habitar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario