viernes, 1 de noviembre de 2013

SOMOS DONDE HABITAMOS

Siempre repetía mi maestro aquello de Goethe: "hay que conquistar lo que se hereda". Él se refería a la Filosofía del Espíritu en la cual se salvaba la Filosofía en cuanto esencia del individuo humano singular o persona. Mientras tanto el posmodernismo obraba su destrucción de la misma.
Pues bien la logotectónica en el siglo XXI salva la Filosofía legítimamente en un presente, la Historia. Es decir que nosotros gozamos de la verdad de la Filosofía hoy sin las dudas de entonces en la confusión de las "filosofías" y sin las negaciones desesperadas modernas o el rechazo ciego posmoderno. 
Hoy gozamos de cada tramo de su verdad, por ejemplo, de la primera parte de la segunda de la Suma Teológica cuando expone las pasiones. Y no sólo la gozamos en su belleza sino que la incorporamos en su verdad muy útil.
Ver en un presente pleno lo que se ha descartado como pasado "pisado" da una libertad nunca experimentada. Mientras tanto somos hoy habitantes del lenguaje diferenciado cuyo gozo nos traspasa y nos hace cantar como María en el Cántico de Lucas: se nos puede llamar con ella felices en cuanto tenemos lo que se ha dado efectivamente ya, llamados hijos de Dios por recibirlo. No es "creencia" es gracia eficaz.
Y sabemos que no somos de una cultura occidental sino que habitamos en el huerto de Laertes cercano  al Nérito de hojas temblorosas rodeados por aquellas aguas de cristal.
No sé qué sea la cultura porque a mí la naturaleza me envuelve como siempre lo ha hecho desde niño y me acaricia como una madre y en su regazo habito pleno de belleza. No sé de qué cultura soy sino de la  naturaleza misma anterior a toda cultura como lo sintió Rousseau.
            

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