Y la naturaleza está aquí: el bosquecillo en primavera traspasado por el dulce lamentar de dos palomas. Dejemos a Garcilaso y Fray Luis pues hoy no están en el mercado gigantesco de la "vanidad d vanidades y todo vanidad". Pero la dulzura sanante de la tarde crece en un cielo transparente y azul.
Sí está aquí más acá del rimbombante mundo capaz de todas las tiranías, captador de todo hombre que viene a su poder. Pero el hombre "existe" no es suyo y es "persona" o imagen de lo que no puede verse sino por Él, en Él y en su luz. Mas esto es poder de la fe y la esperanza y acabamiento de la caridad.
Los días del mundo pasan y se acerca el momento cuando "sólo quedará la caridad".
Recuerdo cuando iba leyendo un escrito en borrador sobre las virtudes teologales de mi maestro. Era joven y mis tías vivían aún. Ahora es el mismo día: ¿soy viejo ya? Soy el mismo.
Mas ahora veo ser verdadero el Apocalipsis. Esa lucha poética en el cielo de Jonia es el "afuera" y no no tiene pausa, se lee en los diarios, se experimenta con los prójimos en todo lugar, aunque sea en este aquí donde canta el zorzal:
Zorzal, atravesó tu son mi infancia
percutes tú del corazón la cuerda
más íntima, pues es la que recuerda
la pura, simple y alta y honda estancia.
¡Qué dulce aquel jardín y qué fragancia!
¡Qué atmósfera de cuento densa! Lerda
con pasos de tortuga que concuerda
con el contemplativo y su vacancia.
Zorzal de mi alma fuiste el sonajero
al tiempo en que a la vida despertaba.
La escuela en verde césped tenía un tero
y yo ya en ese entonces contemplaba
bajo las tipas en un "lleno huero"
sintiendo que mi tiempo no pasaba
¿Qué dice qué me está diciendo el canto?
Quizás que hoy estaré en el paraíso:
Él en la fe ya aquí traerme quiso
pues más allá también se esparce el llanto.
Mas su decir ha resonado tanto
que en mi persona el rostro ya preciso
dibujó con su dedo sobre el piso
dando su aliento espiritual y santo
Paráclito, el Señor Vivificante
que invade el campo en dulce primavera
y así hace que en mis versos solo cante
al recibir la intensa y verdadera
bondad, belleza, paz en el instante:
adentro suyo y de este mundo afuera.
Sí está aquí más acá del rimbombante mundo capaz de todas las tiranías, captador de todo hombre que viene a su poder. Pero el hombre "existe" no es suyo y es "persona" o imagen de lo que no puede verse sino por Él, en Él y en su luz. Mas esto es poder de la fe y la esperanza y acabamiento de la caridad.
Los días del mundo pasan y se acerca el momento cuando "sólo quedará la caridad".
Recuerdo cuando iba leyendo un escrito en borrador sobre las virtudes teologales de mi maestro. Era joven y mis tías vivían aún. Ahora es el mismo día: ¿soy viejo ya? Soy el mismo.
Mas ahora veo ser verdadero el Apocalipsis. Esa lucha poética en el cielo de Jonia es el "afuera" y no no tiene pausa, se lee en los diarios, se experimenta con los prójimos en todo lugar, aunque sea en este aquí donde canta el zorzal:
Zorzal, atravesó tu son mi infancia
percutes tú del corazón la cuerda
más íntima, pues es la que recuerda
la pura, simple y alta y honda estancia.
¡Qué dulce aquel jardín y qué fragancia!
¡Qué atmósfera de cuento densa! Lerda
con pasos de tortuga que concuerda
con el contemplativo y su vacancia.
Zorzal de mi alma fuiste el sonajero
al tiempo en que a la vida despertaba.
La escuela en verde césped tenía un tero
y yo ya en ese entonces contemplaba
bajo las tipas en un "lleno huero"
sintiendo que mi tiempo no pasaba
¿Qué dice qué me está diciendo el canto?
Quizás que hoy estaré en el paraíso:
Él en la fe ya aquí traerme quiso
pues más allá también se esparce el llanto.
Mas su decir ha resonado tanto
que en mi persona el rostro ya preciso
dibujó con su dedo sobre el piso
dando su aliento espiritual y santo
Paráclito, el Señor Vivificante
que invade el campo en dulce primavera
y así hace que en mis versos solo cante
al recibir la intensa y verdadera
bondad, belleza, paz en el instante:
adentro suyo y de este mundo afuera.
EL TÍTULO: CANTO ORIGINARIO
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