domingo, 10 de noviembre de 2013

LA MARAVILLA DEL LOGOS

Narra el momento de Herodes rey de Judea cuando un sacerdote llamado Zacarías y su mujer Elizabeth que eran justos delante de Dios andaban irreprochables en todos los mandamientos y no tenían hijo porque ella era estéril y ambos avanzados en edad.
Él estaba cumpliendo su turno sacerdotal y cuando entra a incensar se le aparece un ángel causándole miedo al verlo. Le anuncia el nacimiento de un hijo grande a los ojos del Señor no bebiendo vino pero lleno del Espíritu Santo desde el vientre materno y a muchos de los hijos de Israel hará volver a su Dios y él irá adelante en su presencia en el espíritu y poder de Elías para hacer volver el corazón de los padres a los hijos y de los desobedientes a la sensatez de los justos y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.
El ángel se da a conocer: es Gabriel que está permanente en la presencia de Dios y fue enviado a hablar con él, quien pone reparos por su condición y la de su esposa. Así por esto quedará mudo y volverá a su hogar después del servicio litúrgico donde Elizabeth concibió a su hijo.
Escueta y precisa narración que confluye en la Anunciación a María. Cumple San Lucas con su propósito de partir del origen de la catequesis: el precursor y el Verbo encarnado, según el lenguaje de su anfitrión, San Juan que guarda a María y escribirá bastante después su Evangelio, él que también fue discípulo del bautista.
Esta historia por conocida no deja de ser en estos términos de una claridad lógica que maravilla en su simplicidad.
Quien lo narra ha encontrado la fuente filo-sófica; María que custodiaba lo dicho desde el Señor en su interior pensando. En ella se cumple aquello del discurso narrado por Juan en el capítulo catorce, versículo veintiuno.  

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