sábado, 30 de noviembre de 2013

PACEM IN TERRIS

El ángel nos anuncia una buena nueva que nos dará gran gozo: nos ha nacido un salvador. No conozco a nadie que experimente este gran gozo anunciado por el ángel ni menos que esté dispuesto a ver el cielo de la gloria que se inclina sobre la tierra derramando paz. Solo veo lucha por conseguir metas particulares o quejas por lo que no ocurre o enfermedad psíquica, en el lenguaje de estas narraciones: pecados.
Lucas da precisiones históricas y narra la predicación de Juan el bautista en el Jordán:
Raza de víboras ¿quien os enseñó a huir de la ira que os amenaza? Haced frutos dignos de penitencia.
Esto dicho a los hijos de Abraham es grave amonestación y también a los hijos de este tiempo autosuficiente. 
El hacha, prosigue el profeta cercano a Isaías, está puesta hacia la raíz y todo árbol que no da fruto bueno será cortado y echado al fuego.
Amonestación que producía en el pueblo la pregunta: ¿luego qué haremos? La respuesta del profeta es actual: compartir lo que se tiene. Y así con los cobradores de impuestos y los soldados: nadie abuse de su posición.
Quienes esperaban al Cristo quisieron verlo en él. Pero él dijo que no era digno de desatar su sandalia y que aquel bautizaría en ESPÍRITU SANTO Y FUEGO. Y volvió con la admonición profética: separará el grano de la paja que arderá en un fuego inextinguible.
Entonces vino Jesús a ser bautizado y se abrió el cielo mientras oraba y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma y el Padre hizo oír su voz:
Tú eres mi hijo amado en quien me he complacido.
Estas palabras abren el cielo mostrando la cercanía de las tres personas. Así la paz.
Y quienes escuchamos tales palabras hemos escuchado a Dios supra trascendente y ya no desconocido. La narración que precisó lugar y tiempo lo hizo escuchar y estamos viendo la famosa escena muchas veces pintada en Iglesias, íconos y cuadros de Jesús y la paloma.
Sabemos aquí que esto no debe ser desechado como religión y como algo ajeno al pensamiento porque tal palabra del Padre y venida del Espíritu Santo narrada por quien narró Pentecostés nos determina a pensar "lo que desde siempre y para siempre quiere ser pensado", lo cual hace efecto en nosotros: la paz.
¿Qué más?

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