lunes, 28 de octubre de 2013

SOY UN BRONCE QUE RETIÑE SIN CARIDAD

Alguien que haya sido tocado por la Filosofía ingresa en la verdad absoluta, es decir bien redonda, donde la razón se purifica e ilumina con ella y o bien la posee o bien es poseída por ella.
La sabiduría que es el mismo Jesucristo incluso dice: "Yo soy la verdad". Él es la verdad del ser por más que los modernos se hagan los distraídos adjudicándolo a la relatividad de una religión o bien considerada como algo circunscripto o bien cultural. 
La religión definitivamente es algo sociológico como la política y será objeto de adhesiones particulares y recortes culturales para que se vuelva potable. De hecho nada hay absoluto en ella hoy en día y Dios es algo agregado después tras la solidaridad.
La verdad es muy otra cosa: es filo-sófica y por lo tanto no algo ya propio del ámbito científico cognoscitivo y académico o social sino que se hunde en la vida de cada uno como algo constitutivo.
A mí me hace ser lo que soy, lo que debo ser y lo que seré la verdad, que no veo en inmediatez física, social o evolutiva. La verdad me muestra el ser y no se esconde en tanto me lo dice y aún me llama asistiéndome. 
En el el tiempo pleno de la sabiduría homérica  se da la circularidad en la narración de Ulises ya en el lecho de Penélope, la guardiana del ser que hizo girar el tiempo ya hay un absoluto que nada tiene que ver con la inmediatez del mundo griego, antes y después de Homero. Hay un absoluto en la Ítaca o patria de Ulises.
En la eternidad que ingresa en el tiempo del Verbo Divino que desde la carne me llama abrazándome y me transfiere, formando un mismo cuerpo, su Espíritu y del Padre se me exige la fe, tan manoseada en el lenguaje común. La fe no es creer que Dios existe sino creer lo que Dios ha realizado en Jesucristo con respecto a mí mismo ¿Crees? Verás y poseerás. Si es arduo esperar lo prometido más dulce es amar con el don de su amor en nosotros. Las virtudes teologales son condición sine qua non de la verdad revelada y de su fenomenología en mi espíritu.
Hay otra comunicación de la verdad a la cual todos pueden acceder, no por fe sino por piedad humana y disposición natural a lo absoluto de la libertad. No hay "rebelión de las masas" moderna  aquí sino personalización o formación del espíritu del individuo singular en su libertad plasmada en el estado y enraizada en la patria.
Por cierto aquí la verdad es expresión absoluta de sí misma. Los modernos la relativizan o bien la hacen esconderse o sustraerse. La vida por un lado sería la relatividad consonante con la cultura.
Desaparece en los posmodernos todo trazo de absolutez de tal manera que hasta se borra la relatividad y anything goes.
Mi dolor, en cambio, es la absolutez que necesito: si soy un punto en la evolución de las cosas y no moro en la absolutez y el amparo del hogar y me burlo de la belleza no soy. Si no poseo caridad nada soy. A Dios nadie la ha visto jamás pero Él lo ha mostrado enteramente en su habitación aquí.
Y yo a fe que lo necesito aquí ya ahora. No puedo fingir como quienes están fuera de la Filosofía que todo es normal en el caos del Big Bang.
Y lo he recibido ya manifestado fuera de la cultura: a mí me habla.

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