Embellece el mundo. El hombre es una parte arrancada a la naturaleza y desvirtuada por razonamientos mundanos que destruyen la belleza de la juventud y sepultan la niñez que es originaria. Hölderlin pone lo griego como la juventud de lo bello. La novela se llama Hyperión o el eremita de Grecia y pasa revista a sus templos deteniéndose en Delos en el altar del sol: el centro de la naturaleza. LA COMUNIÓN CON LA NATURALEZA ES LA META DEL EREMITA. Porque los hechos de la historia los ve agotados y resta el fundamento mismo: la naturaleza que está allí y debe ser contemplada en su ser. Homero, los dioses, los héroes considera que de ella han brotado.
Lo viejo del mundo se le presenta: el poder. Pero hay una nueva iglesia que es el sentimiento de lo divino que devolverá al hombre su divinidad y el estado debe ser llenado de la belleza de la naturaleza. Ella exige la pureza de Hyperión que no es la del hombre de este mundo representado en su compañero Alabanda. Sin embargo la pureza es resultado: hay tensión dialéctica, hay muerte, hay una noche oscura del espíritu de donde emerge la naturaleza, el sentimiento de la belleza renovada.
El poeta se ubica donde la juventud divina lo transporta de gozo y la naturaleza lo arrebata con su maravilloso encanto que silenciosamente se infiltra en los sentidos. La contemplación de las montañas de la Hélade y ese mar de Homero lo extasiaban, lo arrasaban. Los bosques sagrados, los valles, todo lo que tenía ante la vista lo capturaba hasta fundirlo con ellos. La belleza era la fuente y la paz el resultado. El camino que se abría era el volverse niño habitando en aquella libertad. El mundo se muestra aquí como cárcel del cual seremos liberados por lo divino. Y es la belleza esta nueva divinidad inmanente.
Hyperión ha deambulado por todo el espacio jónico y va hacia el dórico. Allí en Calauria halla a Diótima como el fin o entelequia de la belleza de la naturaleza. Su conversación es divina y revela el amor de donde venimos y adonde vamos. Lo sagrado de la belleza afloraba en ella en consonancia con la floración de los jardines y el temblor de los álamos después de la lluvia. La comunión de los seres se expresaba en ella. "La naturaleza no sería divina y perfecta si tú faltaras en ella", le decía.
Por eso en ella estaba la paz. En él la contradicción, el posee todo y nada. En cambio en ella la paz del cielo reinaba con sencillez que fenomenizaba la libertad. A él se le arrebataba por su misión en el mundo. El amor de Diótima tornaba todo sin embargo de esencia divina. En ella es la humanidad quien vence y en ella devela su origen. De allí surgía el nuevo mundo, unidad de todo, que en el amor como manifestación del espíritu se reconduce a la antigua patria: la naturaleza donde adviene la paz.
Hasta ahora esto ha existido en instantes. Por ejemplo en el almácigo ateniense cuando arte, religión y filosofía emergían de la naturaleza en condiciones favorables. Pues el hombre era hermoso al salir de las manos de la naturaleza. El hombre se vuelve un dios por la hermosura y su esencia se vuelve objetiva en el estado libre donde arte y religión proyectaban la belleza de la pura naturaleza en su fenomenología. La Filosofía es la coronación de tal autoconciencia de la libertad de la belleza que es la unidad en sí diferenciado, como los supo Heraclito (según el Dr. Zubiría va sin acento).
Por eso la Filosofía es resultado de la poesía o no es nada, porque inteligencia sin belleza (sol de la razón) es mera mecánica. La belleza sabe porqué deben unirse las cosas. El técnico no sabe lo que hace.
Podemos ver detrás a Rousseau y a Schiller muy facilmente. Por delante a Hegel en su FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU sin duda. Pero esto no le impedirá a Heidegger que arroja a Hegel lejos de sí como moderno apropiarse de Hölderlin.
Y bien que hizo.
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