Dios, tema fundamental de la Filosofía en general, para negarlo o demostrarlo, y que llega hasta Derrida, sin embargo no es mero tema de análisis, es lo grave que depende del recibir la palabra, el Verbo, el Hijo que lo hace conocer como Padre a Dios en la plenitud de los tiempos: como poseedor de una intimidad en la mutua recepción del amor.
Requiere como ya lo decía Heidegger con respecto al ser, una disposición, la Gelassenheit, no cualidades académicas y éxito universitario que poseían los legistas que se oponían al LOGOS ENVIADO en el tiempo de cumplimiento de la promesa, que quiere decir envío anticipado en la palabra (PRO-MISSUM). Es el heredero de Moisés y de Abraham al cual no ven los académicos de antes y de ahora.
Dios no es tema del hombre académico ni objeto de culto del hombre inculto. El se dice PAN DE VIDA QUE DESCIENDE DEL CIELO. ¿Lo ignora Derrrida? Parece un rito accidental y es la concreción del Dios supra trascendente que se introduce carnalmente en nosotros para dar la vida sobre la vida que caduca y la hace morar, habitar en Él. Se trata de habitar: lo que Heidegger pretendía: ALGÚN DÍA DESDE LA ESENCIA REAL DEL SER PODREMOS PENSAR LO QUE CASA Y HABITAR SON. Derrida ve lo fundamental en el ser tachado pero oye tocar esta campana aunque no sabe quien la tañe.
Es el habitar de Dios en nosotros porque sus palabras son Espíritu y son vida. Pero no es el tiempo del mundo sino el tiempo suyo: el ingreso en la eternidad del tiempo, la pascua bienaventurada, el hacer de la verdad, otro tema heideggeriano que aquí encuentra la solución. El verbo es el de la verdad porque no es él sino el Padre quien lo envía. Esta es la verdad: la que manifiesta a quien lo envía, reside en el envío de quien está junto, en cercanía de aquel de quien pro-cede, de quien lo envía (LA POMPÉ célebre ya en la Odisea y en Parménides). Es vivo, es salir adelante, pro-cesión del Verbo, y por ende da la vida. No es un abstractum, un caput mortuum.
Y si Él viene y se hace pan de vida nos resucita. Sabemos del impulso de muerte en el Ello: una buena razón de la sin razón para rechazar junto con los fariseos al ENVIADO, a quien nadie puede recibir si el Padre no lo atrae. Hay un juicio. Esto es filosófico.
Nunca nadie ha hablado como este hombre, decían. Claro Él hablaba e indicaba estableciendo un juicio, una crisis. Y es la verdad, que se manifiesta hasta la transformación carnal en pan. Caen estas palabras del discurso en terreno despejado (sin teologías ni contra teologías: todo esta ubicado con transparencia en la razón logotectónica) como las gotas de rocío: un diamante tras otro ante la salida del sol.
Estamos en la esfera del lenguaje, Heidegger lo había dicho: basta de pensamientos académicos (para él filosofía) y más atención a la palabra.
Si alguno tiene sed que beba y se formará de su vientre una fuente de agua viva: el ESPÍRITU que hemos recibido como DIOS EN NOSOTROS. Es morada, hospedaje, no teología o discusión o publicaciones ¡Es vida! Recibir la palabra y no analizar mundanalmente.
YO SOY y si no creen morirán en el error. Él habla juicio verdadero. Y por eso no le creen: porque EL ES. Y solo es el ser. Los que lo ven entre los entes lo descartan porque se dan gloria unos a otros.
PLATÓN lo describió en el fondo de la caverna
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