sábado, 21 de diciembre de 2013

LA GLORIA EN EL MONTE

El narrador hace hincapié en las soledades de Jesús porque dice que ocho días después se interna en el monte para orar más y esta vez lleva tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan quien pudo narrarle esto en Éfeso.
 Allí, en la eminencia solitaria, se transfiguró mientas oraba. Y conversaba con Moisés y Elías en gloria acerca de su partida en Jerusalén. Y Pedro, despertando con los compañeros y viendo la gloria dijo: MAESTRO BUENO (y bello) ES ESTARNOS AQUÍ HAGAMOS TRES TIENDAS: UNA PARA MOISÉS OTRA PARA ELÍAS Y OTRA PARA TI. Y no sabía lo que decía, comenta Lucas. Mas vino una nube y los cubrió con su sombra (el Espíritu) y se dejó oír una voz que decía: ESTE ES MI HIJO AMADO, AL QUE ELEGÍ, A ÉL ESCUCHAD.
¿Podemos hablar el inocuo lenguaje de los valores después de esta cercanía de la Trinidad en el monte?
El Padre amonesta: ESCUCHADLE.
El Hijo nos habla y no tenemos derecho de mezclar nuestras palabras antropológicas que no saben lo que dejan por decir (no sin cierta vanidad) abstracciones edificantes.
¡Habla tú solo que no quiero oír otras palabras! decía un poeta.
Se trata pues del Verbo o Logos que vino a hablarnos y a ser ofrenda santa en la cruz donde se hace pan de vida ¿De qué conciencia de valores hay que tratar? Hay que recibir y esto es AGAPE O AMOR. Primero la paz en la tierra luego la gloria en el cielo. No se ubica en la cultura ciudadana y así se nos muerta como Verbo orando, remitido al Padre en el Espíritu Santo. Luego obra curaciones como la que viene a continuación

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