El buen samaritano es una creación sapiencial. Es de aquellos personajes tocados por el pincel precioso de la mesurado y tierno del misterio de cercanía.
Los que se fueron por el lado opuesto al hombre herido y robado no sin intención son un sacerdote y un levita, dos profesionales de la religión que no juzgaron ser importante para su obrar atender a un herido. Ejemplo de la cerrazón de los profesionales o bien de la ausencia de corazón.
El samaritano, contrapuesto a estos profesionales judíos es presentado como compasivo y rico en medios de auxilio: lo venda, lo cura y lo lleva en su cabalgadura al mesón donde lo cuida y paga por él posada hasta su vuelta.
Jesús lo lleva a la conclusión al legista que había preguntado quien es el prójimo. Es prójimo quien hizo misericordia con él. Ahora Jesús insiste: ve tú y haz lo mismo. Es decir: se cercano o prójimo. Es decir: considera al otro como a ti mismo una persona y no te pares en planes de cosas o leyes o planificaciones ónticas. Lo que existe y permanece es la persona y no las cosas que llevamos entre manos. Misericordia es consonancia de corazones o interioridades, aquello secreto que Dios ve cuando oramos.
Él es y cada uno de nosotros somos para Él y uno para el otro. Lo demás es cuestión de detalle.
Jesús es el samaritano y nos dice: "haz tú lo mismo".
Los que se fueron por el lado opuesto al hombre herido y robado no sin intención son un sacerdote y un levita, dos profesionales de la religión que no juzgaron ser importante para su obrar atender a un herido. Ejemplo de la cerrazón de los profesionales o bien de la ausencia de corazón.
El samaritano, contrapuesto a estos profesionales judíos es presentado como compasivo y rico en medios de auxilio: lo venda, lo cura y lo lleva en su cabalgadura al mesón donde lo cuida y paga por él posada hasta su vuelta.
Jesús lo lleva a la conclusión al legista que había preguntado quien es el prójimo. Es prójimo quien hizo misericordia con él. Ahora Jesús insiste: ve tú y haz lo mismo. Es decir: se cercano o prójimo. Es decir: considera al otro como a ti mismo una persona y no te pares en planes de cosas o leyes o planificaciones ónticas. Lo que existe y permanece es la persona y no las cosas que llevamos entre manos. Misericordia es consonancia de corazones o interioridades, aquello secreto que Dios ve cuando oramos.
Él es y cada uno de nosotros somos para Él y uno para el otro. Lo demás es cuestión de detalle.
Jesús es el samaritano y nos dice: "haz tú lo mismo".
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