Marta se ocupa de las muchas cosas María de la Persona a cuya imagen
hemos sido hechos o llamados o elegidos como personas. La mejor parte que María
elige es la contemplación que implica los grados de la oración: oración vocal,
mental, meditación y el fruto de la contemplación.
El coloquio íntimo con la Persona del Verbo es lo
que Lucas señala aquí como la óptima parte que se lleva la hermana de Lázaro a
quien luego veremos llorando en su resurrección. Deslinda así la contemplación
de la acción representada por Marta.
Las cosas por un lado y las personas por el
otro enmarcan claramente en la lógica lucana la salvación de la Buena Nueva. Las
cosas son instrumento para la persona que es corporal. Pero su persona es su
destino al cual se consagra María movida por el Espíritu Santo.
La persona brota en el vínculo con la Persona del Verbo
conducida por el Señor Vivificante, la tercera Persona de la Trinidad revelada en el
Nuevo Testamento.
La narración lógica nos presenta a
continuación la oración del Padrenuestro, aquella en que el Hijo pide al Padre
por nosotros lo que se debe pedir: que sea santificado, que venga a nosotros su
reino, que recibamos el pan, que nos libre de la tentación de este mundo.
Añade la parábola de aquel que pide pan a
media noche a su amigo rematando en el PEDID Y SE OS DARÁ, LLAMAD Y SE OS
ABRIRÁ, BUSCAD Y HALLARÉIS.
El Verbo asegura que todo el que pide recibe
con la analogía siguiente: ¿qué Padre al hijo que le pide pan le da una piedra?
Y argumenta: ¡si vosotros sabéis dar buenas cosas
a vuestros hijos cuánto más vuestro Padre celestial os dará el Espíritu Santo a
quienes lo pidan!
Esta palabra de aliento por medio del Verbo
que realiza el puente nos da la posibilidad de recibir el ser de Dios, Espíritu
y Amor.
Tal el resultado de la Filosofía. Hoy ella
es lenguaje u oris ratio, oración.
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