domingo, 22 de diciembre de 2013

EL ROSTRO DE LA PASIÓN O SANTA FAZ

Las grandezas de Dios fueron alabadas tras la curación del muchacho epiléptico pero él les iba anunciando su pasión. Mas sus discípulos no lo veían y así discutían acerca de su primacía ya que eran los ministros del enviado de Dios que daba tales signos. Al no entender el signo de contradicción que había reconocido Simeón Jesús les pone un niño en medio mostrando la Verdad de Dios: QUIEN RECIBE A UN NIÑO EN MI NOMBRE A MÍ ME RECIBE Y QUIEN ME RECIBE A MÍ RECIBE A QUIEN ME ENVIÓ. Esta es la verdad "revelada" frente al realismo del mundo, eclesiástico o no. Hacerse como un niño implica habitar poéticamente, es decir poetizando la prosa de la realidad de utilidades infinitas y del poder, signo del diablo o contradictor de la caridad. Es el himno a la caridad de Pablo: QUIEN TODO LO CREE es como un niño. Su vínculo con la realidad es: QUIEN ES MÁS PEQUEÑO ENTRE TODOS VOSOTROS ESE ES EL PRIMERO.
La Buena Nueva de la navidad que el evangelio revela: LOS PRIMEROS ÚLTIMOS LOS ÚLTIMOS PRIMEROS. CUANTO MÁS NIÑO MÁS CERCA DE DIOS y no por los valores sino por el ser de Dios que nos propone en la caridad y nos entrega en la EUCARISTÍA. Por eso subraya una y otra vez la necesidad de su Pasión en la gran ciudad donde el realismo vive como en su elemento. Realismo es como decir "ceguera", antes, hoy y siempre.
Y llegaron los días de su ASUNCIÓN y afirmó su rostro en ir a Jerusalén. Delante de este rostro con actitud de sacrificio pascual envió mensajeros quienes le buscaban alojamiento pero los samaritanos en cuya aldea ingresaron no lo recibieron porque llevaba este rostro o bien llevaba en su rostro el propósito de ir a Jerusalén. Algo dramático hay en este suceso: lleva la pasión en su rostro.
Aquí hay algo grave o bien gravísimo. No es para menos. Los samaritanos le volvieron la espalda y no quisieron contemplar tal rostro como aquel del salmo Judica me: DUM TRISTIS INCEDO DUM AFFLIGIT ME INIMICUS? Entonces Jacobo y Juan le dijeron si no debían pagar por ello con un castigo: solicitaron el fuego del cielo. Y surge la reprensión: ¿No sabéis de qué espíritu sois? El hijo del hombre ha venido no a destruir almas sino a salvarlas.
Así caminaba a la cruz con ese propósito ya dibujado en el rostro que luego se llamará: la santa faz.
No tenía ya el hijo del hombre otro amparo que la cruz y así quien le siguiera debía asumirla. Mas esta cruz sería vida más que muerte. Los realistas del mundo serían en adelante: muertos que entierran a sus muertos. Aquí se inauguraba el reino de los cielos y nadie podría entrar mirando hacia atrás, hacia la mundanidad o naturidad de su constitución. Exige una negación entera para seguirlo. La verdad del ser lo requiere, la diferencia ontológica. 
El reino de Dios o del ser tiene esta puerta: no tener nada de las cosas sino a Dios mismo que se entrega. Y el recibirlo en su ser que es AGAPE implica AGAPEIN. Su persona misma viene ya que vino en persona ¡Tanto tiempo hace que estoy entre vosotros y no me conocéis? ¿Me daréis posada?  Tal es el objetivo de la oración sacerdotal: EGO IN IPSIS.
 Y una mujer contemplará su rostro.

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