Me levanta un conocido en el auto por un oscuro camino y de pronto me pregunta si era maestro porque recién se le ocurría que no podía ser otra cosa. Y yo en rápida respuesta dije: sí soy maestro en esencia porque recién acabo de precisar bajando del colectivo a una ex alumna y hoy profesora (ante la clásica pregunta a un jubilado:¿está gozando?) que es FRUITIO y qué es UTI y de quien se goza verdaderamente, según Agustín: del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, es decir de las personas pues las cosas en cambio son para uso y no objeto de gozo ya que no son por sí mismas ni para sí mismas. Me ha pasado el hacer del viaje en colectivo en teatro de tales meditaciones y eso hace que sea siempre maestro pues la misión empieza donde las otras tareas concluyen. Uno puede operar entre las cosas toda la jornada y es útil en un sector del trabajo y para su propia familia, aportando medios y proveyendo ¿pero cuándo se ocupa de lo que acontece en su propio espíritu, en el llamado a su persona desde el ámbito sereno del ser? Ahí estamos nosotros los maestros en filo-sofía.
El muchacho dejo ver el resultado de la reflexión en sí, la mirada sobre su persona, que queda en cada jornada, solita, sepultada entre las cosas que sí, pueden ser utilísimas, pero que van in crescendo sin final a la vista, aumentadas por los medios de comunicación social in infinitum. Estabamos entre árboles que habíanse bebido la luz durante el día y ya la ahora espiraban felicidad entre pastizales puros y aromáticos. Ya le lechuza se animaba con sus llamados nocturnos que ataviesan los bosques ¡Mas cerca que el mundo hay un lenguaje y como dijo Heidegger: EL HABLA HABLA Y MENOS FILOSOFÍA Y MÁS ATENCIÓN AL PENSAR.
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