lunes, 7 de marzo de 2011

LAS PARADOJAS DIVINAS

Debo decir que este es un Abhandlung de Heribert Boeder que salió traducido por Martín Zubiría en una serie de traducciones que comienzan por la de la época media en la obra TOPOLOGIE DER METAPHYSIK en una editorial española de la Universidad de Navarra (no la tengo conmigo ahora) Las paradojas son cosa del evangelio que nos invitan a salir del entendimiento para ingresar en el elemento del pensar que Hegel denomina das mystiche, lo místico. Por eso no rechacé la filosofía del espíritu cuando reingresé a la facultad de Filosofía: porque no iba yo a estudiar la realidad del mundo para cambiarlo sino la ciencia buscada que ama lo que ya admira en el comienzo: la verdad, de la cual Aristóteles dice que siempre que el hombre quiera la alcanza.
Así las paradojas nos ponen en la pura reflexión de la razón que nos exige una diferenciación, a nosotros y a la razón. Por eso podemos seguir el pensamiento EN EL ÁMBITO PURO VIENDO EL CLARO (recuerdo la pintura de Rembrandt del momento en que recoge el buen samaritano al herido y lo lleva a la posada), por ejemplo, de la parábola del buen samaritano que responde a la pregunta: ¿quien es mi prójimo? Así en el evangelio de San Juan Jesús pregunta ¿A quien buscáis? Y ellos le repreguntan: ¿Adónde moras?(MENO) Y él les responde: Venid y ved (EIDO) Fueron, vieron y moraron con Él. Esto no es un mero hecho: es un acontecer del pensar, que ¡oh maravilla! versa sobre la pregunta Heideggeriana del habitar y corresponde hoy al resultado logotectónico del Lenguaje de las sabidurías iniciales que invitan a habitar, según escribió Boeder en el árticulo final del libro SEDITIONS (SUNY SERIES), donde Marcus Brainard traduce muchos de sus trabajos al inglés (This Wisdom has its present only in the speech proper to it, in that which, as in every wisdom yields a vision.Only this is the teaching...Its own word is namely, precisely that which through its own rationality awakens reason).
Nótese que la logotectónica nos hace aptos para que despertemos a la razón y ver mansamente lo dicho por la sabiduría, que en el caso de la narración es UNA PERSONA, que ha dicho VENID Y VED (usando el EIDOO, que es ver con el ojo del espíritu) y ellos fueron y vieron y parece que la cosa fuera el habitar junto a Él sin decirse allí qué vieron, ni menos la cosa actual: qué hicieron. Habitaron en su hoy (que sabemos eterno) junto a aquel que despúes los llamaría amigos. La caritas es tal correspondencia a la amistad de tal persona a quien seguimos por su paso manso y humilde como explica Tomás de Aquino en el primer artículo acerca de esta virtud teologal. Aquí el camino, estrecho, nos resultará hoy precisamente el de la mansedumbre, que nos hace posesores de la tierra. La palabra del maestro nos dice que aprendamos de él no a ser Dios sino a ser mansos, es decir poseer la tierra con la cual hemos sido formados en un sentido de prescindencia de las superestructuras mundanales, ser humiles, es decir yacer sobre la tierra, donde caerá la palabra como buena semilla y dependerá su desarrollo del despejo y bondad de la misma tierra que somos. Tomás de Aquino mismo dice con entusiasmo en su comentario a este pasaje del evangelio en Mateo: TOTA LEX NOVA CONSISTIT IN DUABUS: IN MANSUETUDINE ET HUMILTATE. Aprender las paradojas consiste en ir por los senderos de los campos todavía disponibles en nuestro abigarrado planeta, que ya no deberá llamarse "tierra" sino "mundo" en sentido de civilizado o urbanizado, y pensar como lo hizo Heidegger en su CAMINO DEL CAMPO: IR MEDITANDO POR LOS VIEJOS CAMINOS DE TIERRA DE AZORÍN y darle "A LA CAZA ALCANCE" como Juan de la Cruz. Es decir ir por el camino estrecho de la mansedumbre y recibir en su paso la AMISTAD de la CARITAS O AGAPO, e ir amando esas verbenas entre algarrobos, talas, espinillos, jarillas y otras muchas criaturas que gozan del paraíso en el HOY ÉL ES DEL VERBO QUE LE DIJO A UNA MUJER UNA VEZ: YO SOY QUIEN CONTIGO HABLA.
Pura esfera del lenguaje, hoy y aquí a nuestra disposición in mansuetudine o GELASSENHEIT, invitados por las PARADOJAS DIVINAS. Un soneto que escribí en una clase sin alumnos ilustra lo dicho:

                                             DEVOCIÓN DEL PENSAR

                         Hoy quiero preguntar Señor adónde

                         puedo encontrarte y reposar contigo

                         corresponderte como un fiel amigo

                        y saber más de aquello que se esconde.


                        Cuando por fin tus arrabales ronde

                        buscando el no sé qué que hasta hoy persigo

                        ven otra vez a caminar conmigo

                        y deja que el abismo bello sonde:


                        que por el piélago del ser navegue

                        de todo lo finito en suave olvido

                        y que me pierda en el azul repliegue


                        de tus montañas, anhelante, herido,

                        dejando todo peso que te niegue,

                        volando como un ave hacia su nido.

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