Desembarazada de todo lo que se le adhiere en la labor académica se puede ahora ver el primer paso de la filosofía, para gran sorpresa de quien ha frecuentado aulas y manuales nada menos que en un verso hexámetro cuya primera palabra es este animal preferido por Homero:
LAS YEGUAS ME LLEVAN TAN ALTO CUANTO DE ELLO ES CAPAZ EL ÁNIMO.
Hasta este momento teníamos la razón natural que había comenzado poniendo a consideración el ARCHÉ de la TOTALIDAD DE LO QUE APARECE, el arché de la PHYSIS, y se postuló el agua (Tales), el aire (Anaxímenes)Y LA TIERRA (Jenófanes)y que tuvo otra vía, la razón mundanal que abarcó el todo del COSMOS (Anaximandro, la ARMONÍA del cosmos (Pitágoras)y el LOGOS de la harmonía del cosmos (Heráclito. Este pensamiento lleva a un callejón sin salida, éste mismo en que se fijó Heidegger por la índole de su pensamiento del ocultamiento de la verdad.Aquí vemos que es conducido el pensar hacia la verdad que se va a contempla con plenitud.
Y son estas yeguas homéricas quienes lo trasponen interpretando el impulso del ánimo (THYMÖS, el mismo que tenían los héroes en la Ilíada)que lo ponen en el famoso camino: son ellas quienes lo traen por el camino (notar la ausencia de voluntarismo antropológico), que es:
EL ILUSTRE CAMINO DE LA DIOSA QUE LLEVA AL HOMBRE QUE SABE POR TODA VILLA.
Ulises fue quien conoció muchas villas (ASTU)y es el VARÓN POLYTROPOS, el de los variados recursos de la inteligencia que sin embargo debía ser conducida hacia el fin. Aquí recibe Parménides tal catequesis porque subraya el ser llevado, el verbo PHERO aparece en cada verso de los cuatro, unido a enviar (PEMPO) y conducir (AGO)que también se repiten. Hay que pensar que el filósofo nos quiere subrayar este hecho:
POR ALLÍ FUI LLEVADO PUES ME LLEVAN POR EL CAMINO LAS MUY PRUDENTES YEGUAS ARRASTRANDO EL CARRO.
Y entran en escena las doncellas, también homéricas, que lo dirigen:
LAS DONCELLAS MUESTRAN EL CAMINO.
Aumentando nuestro asombro vemos a delicadas divinidades femeninas, ñas hijas del sol indicando el camino de la filo-sofía ¡Hay filía! Y estamos en una dimensión poética como lo exigía HöLDERLIN para la filosofía en su novela HYPERIÓN.
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