La experiencia suele confinarse al ámbito de lo sensible y se considera la piedra de toque del experimento. Yo tuve la fortuna de asistir al curso de la experiencia en Heidegger y Hegel que dictó mi maestro en Cuyo y allí se desplegó la experiencia del espíritu como novedad. En realidad esa experiencia es la que estamos realizando siempre en tanto poseemos la conciencia de nuestra conciencia llamada autoconciencia. En cada uno vive el espíritu autoconciente como ápice de nuestros sentimientos que reflejan los motivos exteriores reaccionando ante ellos. Solemos también confinar la experiencia a lo que se llama experiencia de la vida que es una mezcla de todo lo acontecido y conservado en la memoria. Esta experiencia está llena de lugares comunes y se asemeja a un depósito de objetos inertes.
La experiencia aquí enfocada es la viviente experiencia del espíritu por la cual lo percibido en la naturaleza alcanza su verdad en el espíritu que nos hace libres. Hegel cita: la verdad os hará libres y agrega: la libertad os hará verdaderos. Experiencia del espíritu es la que el espíritu hace desde sí y la que hace de lo que en él se manifiesta o muestra. La naturaleza aludida cobra vida verdadera en la fenomenología del espiritu que en mí es experiencia. Soy el sujeto de tal experiencia que se verifica en mi libertad ejercida porque el espíritu es su libertad en cuanto autoconciencia y goza esta libertad del concepto especulativo cuyo movimiento libre es felicidad. Experiencia en la cual el espiritu lo es porque se autoconoce como tal y tiende a realizarse por la voluntad libre. Soy autónomo y principio de mi libertad, soy absoluto en ese respecto, soy fuente o subjetidad. Así estaba ayer frente a la sierra como esa fuente cuya fluencia es cosa de la experiencia de la libertad del concepto que es gozo y felicidad. Me poseo a mí mismo y soy capaz de autorrealización si quiero lo que soy en mí proceso espiritual.
Si esto pareciera raro y oscuro es por la brevedad de lo que Hegel expone en toda la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas 1830. Así Heidegger en 1930 escribe su SER Y TIEMPO deshaciendo tal experiencia del espíritu y apuntando a una experiencia del ser. Así Boeder en 1980 responde a ambos con la experiencia de la sabiduría originaria concebida por la filo-sofía o razón conceptual. Así desde mi valle yo presto oído a las sabidurias originarias y se despierta la razón en mí. Así invito a cada uno a hacer experiencia del espiritu y ser libres, a hacer experiencia del ser en la GELASSENHEIT O SERENIDAD de Heidegger y a recibir las sabidurías mencionadas (Homero-Pablo-Hölderlin) después de sosegarse en el orden logotectónico que le ha dado a cada uno lo suyo y nos deja libres para la EXPERIENCIA DEL LENGUAJE que nos llama a una diferenciación con respecto a nosotors mismos y a una diferenciación de si con respecto a sí mismo en HOMERO-PABLO - HÖLDERLIN, pero sobre todo para escuchar lo no escrito y vivo que nos hace habitar hoy y aquí en el tiempo pleno. Exige una explicación precisa lo que atañe a la diferenciación del lenguaje en sí y respecto de sí y la encontraremos en el pensamiento logotectónico de Boeder pero la diferenciación de nosotros mismos es nuestra propia experiencia contemplativa que nos hace posesores de la tierra según reza la segunda bienaventuranza de la mansedumbre.
También Heidegger apunta en su TIEMPO Y SER a Homero, hacia el cual se vuelve sin mencionarlo. Esto tambien exige mucho análisis pero temáticamente ¿no se ve que la Odisea es el tiempo de la vuelta y que el hogar encierra la plenitud de ese tiempo? Sí: hay que leer meditando y verificar la unidad de los instantes en la paz del diálogo en el lecho entre los esposos que se poseen tras veinte años. Es algo sapiencial ya no de la meditación filosofica esto de la sacralidad del hogar, la mujer y el matrimonio. Sin duda alguna y hay que continuar en esta consideración hasta que las velas no ardan.
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