Los padecimientos del siglo presente no son comparables a la gloria, próxima a ser revelada: hay un anhelo profundo en la creación: AGUARDA ANSIOSAMENTE LA REVELACIÓN DE LOS HIJOS DE DIOS.
La vanidad a la cual fue sometida la creación no por su voluntad sino por quien la sometió requiere de una liberación de su corrupción. La gloria resplandecerán en la creación que será libre con la gloria de los hijos de Dios. Porque ahora toda la creación gime y sufre y nosotros aguardamos ansiosamente gimiendo la adopción aunque tengamos las primicias del Espíritu. Es la redención del cuerpo la que está en juego. Esto para quienes desconocen de lo que aquí se trata: la corporalidad. En la esperanza somos salvos y por ello no se ven sino debilidades. Pero el Espíritu es el auxilio, el que ora en nosotros con gemidos inenarrables. El intercesor interior nos hace amar el bien y somos así llamados:
PORQUE A LOS QUE DE ANTEMANO CONOCIÓ TAMBIÉN LOS PREDESTINÓ A SER CONFORME A LA IMAGEN DE SU HIJO PARA QUE ÉL SEA PRIMOGÉNITO ENTRE MUCHOS HERMANOS. Y A LOS QUE PREDESTINÓ A ESTOS TAMBIÉN LOS LLAMÓ,
A ESTOS TAMBIÉN LOS JUSTIFICÓ Y A ESTOS TAMBIÉN LOS GLORIFICÓ.
Aquí tenemos dibujada por el Apóstol, la fe y la esperanza de la cual habla como BUENA NUEVA que evangeliza.
Una absoluta diferencia: la gloria la llevamos impresa y la anhelamos en primicias junto con la naturaleza.
No se trata esto de la descripción de que Jesús vino al mundo como un moralista o un hijo de Dios exhortativo sino del DIOS DE LA GLORIA QUE LA DERRAMA SOBRE NOSOTROS DESDE AHORA.
Esto ya no es religión sino llamado, justificación y glorificación según esta predestinado en su gloria.
La vanidad a la cual fue sometida la creación no por su voluntad sino por quien la sometió requiere de una liberación de su corrupción. La gloria resplandecerán en la creación que será libre con la gloria de los hijos de Dios. Porque ahora toda la creación gime y sufre y nosotros aguardamos ansiosamente gimiendo la adopción aunque tengamos las primicias del Espíritu. Es la redención del cuerpo la que está en juego. Esto para quienes desconocen de lo que aquí se trata: la corporalidad. En la esperanza somos salvos y por ello no se ven sino debilidades. Pero el Espíritu es el auxilio, el que ora en nosotros con gemidos inenarrables. El intercesor interior nos hace amar el bien y somos así llamados:
PORQUE A LOS QUE DE ANTEMANO CONOCIÓ TAMBIÉN LOS PREDESTINÓ A SER CONFORME A LA IMAGEN DE SU HIJO PARA QUE ÉL SEA PRIMOGÉNITO ENTRE MUCHOS HERMANOS. Y A LOS QUE PREDESTINÓ A ESTOS TAMBIÉN LOS LLAMÓ,
A ESTOS TAMBIÉN LOS JUSTIFICÓ Y A ESTOS TAMBIÉN LOS GLORIFICÓ.
Aquí tenemos dibujada por el Apóstol, la fe y la esperanza de la cual habla como BUENA NUEVA que evangeliza.
Una absoluta diferencia: la gloria la llevamos impresa y la anhelamos en primicias junto con la naturaleza.
No se trata esto de la descripción de que Jesús vino al mundo como un moralista o un hijo de Dios exhortativo sino del DIOS DE LA GLORIA QUE LA DERRAMA SOBRE NOSOTROS DESDE AHORA.
Esto ya no es religión sino llamado, justificación y glorificación según esta predestinado en su gloria.
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