Más consuelo que la filosofía cristiana aporta la Sophía cristiana que hoy legítimamente nos habla. La epístola a los Romanos es el caso pues nos brinda amparo. Es puro lenguaje.
Y aclara la confusión de la moral de la cual huye el hombre de la modernidad singular que mató a la moral por ser un yugo. Pablo afirma:
POR EL BIEN (LA MORAL ANTIGUA) PRODUCIÉNDOME LA MUERTE PARA QUE LLEGUE A SER EXCESIVAMENTE PECAMINOSO EL PECADO POR EL MANDAMIENTO.
No es Nietzsche quien por vez primera sacude el yugo de la moral, es su contradicho San Pablo. Y las dos conciencias propuestas, la del amo y del esclavo en Hegel están presentes:
PUES SABEMOS QUE LA LEY ES ESPIRITUAL MAS YO CARNAL VENDIDO COMO ESCLAVO BAJO EL PECADO. NO CONOCIENDO LO QUE HAGO PUES NO PRACTICO LO QUE QUIERO SINO QUE LO QUE ODIO ESO ES LO QUE REALIZO.
Hay pues en esta dramática exposición paulina la clara división entre el hombre interior y el exterior:
la ley de la mente, el NOYS de la Filosofía, y la de sus miembros, la ley del pecado que está en los miembros.
Dramática experiencia del apóstol: ¡MISERABLE DE MÍ QUE SOY HOMBRE! ¿QUIEN ME LIBRARÁ DEL CUERPO DE LA MUERTE QUE EXPERIMENTO? GRACIAS A DIOS POR JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR.
El señorío de Jesucristo es el del hombre Dios sobre lo no esencialmente humano, la ley del pecado. Porque la del espíritu de la vida en Cristo es la liberadora de la del pecado y de la muerte.
No fueron pues los posmodernos tampoco inventores de la liberación que tiene este preciso efecto de una vez para siempre promulgada:
DIOS ENVIÓ A SU HIJO EN SEMEJANZA DE CARNE DE PECADO PARA QUE LA ORDENANZA DE LA LEY SE CUMPLIERA EN NOSOTROS PARA LOS QUE ANDAMOS AHORA SEGÚN EL ESPÍRITU Y NO SEGÚN LA CARNE.
La manera de pensar de carne y de espíritu se diferencian por la muerte y la vida igual a la paz.
Eso requiere toda creatura: la paz. La tranquilidad en el orden según lo par y lo dispar. El orden conciente e inconciente al cual se aboca el tratamiento psicoanalítico verdadero.
Y aclara la confusión de la moral de la cual huye el hombre de la modernidad singular que mató a la moral por ser un yugo. Pablo afirma:
POR EL BIEN (LA MORAL ANTIGUA) PRODUCIÉNDOME LA MUERTE PARA QUE LLEGUE A SER EXCESIVAMENTE PECAMINOSO EL PECADO POR EL MANDAMIENTO.
No es Nietzsche quien por vez primera sacude el yugo de la moral, es su contradicho San Pablo. Y las dos conciencias propuestas, la del amo y del esclavo en Hegel están presentes:
PUES SABEMOS QUE LA LEY ES ESPIRITUAL MAS YO CARNAL VENDIDO COMO ESCLAVO BAJO EL PECADO. NO CONOCIENDO LO QUE HAGO PUES NO PRACTICO LO QUE QUIERO SINO QUE LO QUE ODIO ESO ES LO QUE REALIZO.
Hay pues en esta dramática exposición paulina la clara división entre el hombre interior y el exterior:
la ley de la mente, el NOYS de la Filosofía, y la de sus miembros, la ley del pecado que está en los miembros.
Dramática experiencia del apóstol: ¡MISERABLE DE MÍ QUE SOY HOMBRE! ¿QUIEN ME LIBRARÁ DEL CUERPO DE LA MUERTE QUE EXPERIMENTO? GRACIAS A DIOS POR JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR.
El señorío de Jesucristo es el del hombre Dios sobre lo no esencialmente humano, la ley del pecado. Porque la del espíritu de la vida en Cristo es la liberadora de la del pecado y de la muerte.
No fueron pues los posmodernos tampoco inventores de la liberación que tiene este preciso efecto de una vez para siempre promulgada:
DIOS ENVIÓ A SU HIJO EN SEMEJANZA DE CARNE DE PECADO PARA QUE LA ORDENANZA DE LA LEY SE CUMPLIERA EN NOSOTROS PARA LOS QUE ANDAMOS AHORA SEGÚN EL ESPÍRITU Y NO SEGÚN LA CARNE.
La manera de pensar de carne y de espíritu se diferencian por la muerte y la vida igual a la paz.
Eso requiere toda creatura: la paz. La tranquilidad en el orden según lo par y lo dispar. El orden conciente e inconciente al cual se aboca el tratamiento psicoanalítico verdadero.
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