El Verbo nos habla en la carne. No es palabra en el aire donde verba volant. Él asume la carne como resultado de la imagen y semejanza y el infundir espíritu en el hombre, tomado de la tierra. El creador se vuelve quien envía al Hijo a quien debemos escuchar. Es muy claro el envío y muy visible el enviado que consuma se lenguaje comunicativo en la cruz: es el LOGOS DE LA CRUZ.
El ser cobra rostro y es persona que habla y cuando oyereis su voz no endurezcáis los corazones como en Meribá.
Es constante el endurecimiento y la sordera. Permanentemente se exige una conversión a quien nos habla desde el cielo en la tierra. Cielo y tierra no es el planeta y el más allá. Son dos categorías interferidas por el mundo donde hemos sido arrojados tras el paraíso perdido.
El mundo cae bajo los entes y las relaciones finitas que llaman realidad y está formado por realistas opinantes donde la verdad pasa de largo.
El cielo es el ser donde relucen las personas junto y ante las Personas vistas y poseídas por cada uno. Así ante ellas aparecemos como personas y somos como seremos.
Lo sabemos por la oración sacerdotal: PADRE TÚ EN MÍ Y YO EN ELLOS EN CONSUMADA UNIDAD.
Y la tierra es nuestra disposición para el cielo aparte del mundo, pues si estamos en el mundo no estamos medidos por él porque no somos del mundo como afirmó quien nos rescató del mundo.
Esto puede confundir: en el mundo nos encontramos con las personas e intentamos proponer que no se midan por el mundo pero no solemos tener éxito en ello y así compartimos el dolor del crucificado que nos dijo: EN EL MUNDO TENDRÉIS TRIBULACIÓN PERO NO TEMÁIS YO HE VENCIDO AL MUNDO.
Lo abrió, se rasgó el velo del templo pero cada uno debe hacer su obra de negación con respecto a su mundanidad. Negarse a sí mismo y no ser ya sino Cristo.
A mí me mide Dios que envía y me envía su Verbo que se vuelve EUCARISTÍA: mas adentro, más cerca no puede estar.
¿Por qué nuestros prójimos no se apresuran por acudir a comerlo y entablar en su intimidad ya una conversación en los cielos?
Solo tengo una respuesta: el divisor, el calumniador, el engañador ha puesto un muro y pocos entran en el camino estrecho por la puerta angosta que lleva a la vida.
Y no queda fe sobre la tierra porque el mundo cubre todo y no deja respirar la semilla del reino, especialmente con las religiones que se han convertido en usinas de valores.
El enviado espera ser recibido como pan de vida. No hay religión hay presencia y eternidad presente.
Él pide hospedaje más acá del mundo y viene a nosotros su reino.
Y esto es filo-sofía, correspondencia con el Verbo por el amor de amistad, la filía con quien es la sabiduría y todos sus tesoros en Él se contienen.
Ya no más filosofar.
El ser cobra rostro y es persona que habla y cuando oyereis su voz no endurezcáis los corazones como en Meribá.
Es constante el endurecimiento y la sordera. Permanentemente se exige una conversión a quien nos habla desde el cielo en la tierra. Cielo y tierra no es el planeta y el más allá. Son dos categorías interferidas por el mundo donde hemos sido arrojados tras el paraíso perdido.
El mundo cae bajo los entes y las relaciones finitas que llaman realidad y está formado por realistas opinantes donde la verdad pasa de largo.
El cielo es el ser donde relucen las personas junto y ante las Personas vistas y poseídas por cada uno. Así ante ellas aparecemos como personas y somos como seremos.
Lo sabemos por la oración sacerdotal: PADRE TÚ EN MÍ Y YO EN ELLOS EN CONSUMADA UNIDAD.
Y la tierra es nuestra disposición para el cielo aparte del mundo, pues si estamos en el mundo no estamos medidos por él porque no somos del mundo como afirmó quien nos rescató del mundo.
Esto puede confundir: en el mundo nos encontramos con las personas e intentamos proponer que no se midan por el mundo pero no solemos tener éxito en ello y así compartimos el dolor del crucificado que nos dijo: EN EL MUNDO TENDRÉIS TRIBULACIÓN PERO NO TEMÁIS YO HE VENCIDO AL MUNDO.
Lo abrió, se rasgó el velo del templo pero cada uno debe hacer su obra de negación con respecto a su mundanidad. Negarse a sí mismo y no ser ya sino Cristo.
A mí me mide Dios que envía y me envía su Verbo que se vuelve EUCARISTÍA: mas adentro, más cerca no puede estar.
¿Por qué nuestros prójimos no se apresuran por acudir a comerlo y entablar en su intimidad ya una conversación en los cielos?
Solo tengo una respuesta: el divisor, el calumniador, el engañador ha puesto un muro y pocos entran en el camino estrecho por la puerta angosta que lleva a la vida.
Y no queda fe sobre la tierra porque el mundo cubre todo y no deja respirar la semilla del reino, especialmente con las religiones que se han convertido en usinas de valores.
El enviado espera ser recibido como pan de vida. No hay religión hay presencia y eternidad presente.
Él pide hospedaje más acá del mundo y viene a nosotros su reino.
Y esto es filo-sofía, correspondencia con el Verbo por el amor de amistad, la filía con quien es la sabiduría y todos sus tesoros en Él se contienen.
Ya no más filosofar.
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