Para ello están las palabras que permanecen sobre todas las palabras escritas en libros, vivos habitantes de las bibliotecas. En esos templos borgianos se celebra la bienhechora bondad de las palabras formadas en oraciones virtuosas o versos sagrados. Esas palabras apuntan al Verbo que era en el principio junto a Dios o correspondiéndole y espirando ambos , Padre e Hijo, al Espíritu.
Por eso creo que dice Heidegger que ha de haber menos literatura y más atención a la palabra y lo mismo vale para la filosofía. Menos filosofía, decimos nosotros, y más atención a la sofía.
Aquí somos y habitamos sobre la tierra como fruto de la mansedumbre. A sí somos felices según la segunda bienaventuranza en cuyo monte he caminado desde hace tres décadas, más acá de todas las cosas de este mundo.
Por eso creo que dice Heidegger que ha de haber menos literatura y más atención a la palabra y lo mismo vale para la filosofía. Menos filosofía, decimos nosotros, y más atención a la sofía.
Aquí somos y habitamos sobre la tierra como fruto de la mansedumbre. A sí somos felices según la segunda bienaventuranza en cuyo monte he caminado desde hace tres décadas, más acá de todas las cosas de este mundo.
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