Mirar y admirar hacia lo digno de ser mirado. Nada más sin buscar el "qué", la cosa, investigada ya la cosa de las cosas y el NOYS que la presenta.
Mirar el más allá y sólo mirar y admirar solo. El Uno Bien o el Esse subsistente por sí.
¿Se puede acaso? Quien viene desde quien lo envía o el enviado está procediendo siempre y podemos mirarlo y admirarlo- en la tarde serena- con fuego que consume y no da pena-
Él nos mira con sus ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados y por eso dejando las cosas vamos tras Él pasando por las criaturas que quedan balbuciendo un no sé qué que es el llamado en la cercanía, un día y otro día.
Esta tarde está mirando como el ciervo que por el otero asoma y el alma vuela y se detiene en vuelo bebiendo en la interior bodega de aquel hacia quien vuela y que encuentra más acá, recordándoselo el monte y el collado do mana el agua pura y queriendo entrar y entrando más adentro en la espesura.
Y la interioridad se refleja en las subidas cavernas de los montes que están bien escondidas.
Mirar allí el más allá en el más acá gustando mosto de granadas. Allí vemos hasta que en la noche serena se encienda aquella llama que consume y no da pena.
Sin cosas, contemplando en lo óptimo aquel rostro y admirando sin más al dejar que Él nos mire en cercanía.
Mirar el más allá y sólo mirar y admirar solo. El Uno Bien o el Esse subsistente por sí.
¿Se puede acaso? Quien viene desde quien lo envía o el enviado está procediendo siempre y podemos mirarlo y admirarlo- en la tarde serena- con fuego que consume y no da pena-
Él nos mira con sus ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados y por eso dejando las cosas vamos tras Él pasando por las criaturas que quedan balbuciendo un no sé qué que es el llamado en la cercanía, un día y otro día.
Esta tarde está mirando como el ciervo que por el otero asoma y el alma vuela y se detiene en vuelo bebiendo en la interior bodega de aquel hacia quien vuela y que encuentra más acá, recordándoselo el monte y el collado do mana el agua pura y queriendo entrar y entrando más adentro en la espesura.
Y la interioridad se refleja en las subidas cavernas de los montes que están bien escondidas.
Mirar allí el más allá en el más acá gustando mosto de granadas. Allí vemos hasta que en la noche serena se encienda aquella llama que consume y no da pena.
Sin cosas, contemplando en lo óptimo aquel rostro y admirando sin más al dejar que Él nos mire en cercanía.
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