Es concepto logotectónico que la Filosofía ha consumado el pensamiento puro de una ciencia en cada una de las tres épocas, procedente de una sabiduría originaria. Repetirlo causa gozo cada vez, el gozo de la verdad: gaudium de veritate. Porque precisamente la sabiduría encierra como un tesoro aquello a lo cual se consagró la Filosofía:la verdad. Hasta Heidegger la verdad se tematiza. Hoy es objeto de burla pluralista. Pero en este hoy se ensalza el lenguaje y las palabras no sólo hablan por sí mismas sino que tambien indican, según Boeder nos enseña.
Las antiguas sabidurías titularizadas por poetas sabios nos interpelan con palabras que indican diciendo y nos ofrecen el habitar o para decirlo en palabras heideggerianas: "remansarse en la verdad del ser"
Por lo que a mí hace todos estos años estuve acariciando esta simple habitación y aún pretendo recibirla en mi valle luminoso ante la amenaza de las cosas que Heidegger llamó "peligro de la técnica".
Las palabras fundamentales siguieron hablando y mis ojos siguieron contemplando el no sé qué de mis sierras color de la lavanda. El árbol me prestó el sosiego donde puedo escuchar aquel YO SOY QUIEN CONTIGO HABLA. Y así no dejo de recoger como de un viñedo del escudo homérico la verdad de Aristóteles, Tomás y Hegel que tanto enseñé mientras fui profesor. No carecí pues de EUDAIMONÍA, BEATITUDO y SELIGKEIT ¿O acaso no se desarrolla la verdad en cada uno de estos gigantes del pensamiento? El único error que puede atribuírseles es "esto ya no es así". Es el del tiempo lineal: lo menos verdadero. El criterio más débil y más común. Para ello no hace falta filosofía alguna, basta con ser comerciante o periodista.
Hay otra verdad en la no verdad, es cierto: el saber lo exige. Así el fruto de la ciencia del bien y del mal. Hay que saber que es lo que no tiene que ser. Y ser dignos de lo que tiene que ser.
En este ámbito la palabra nos indica y realiza en nosotros lo que dice y el mundo,como dice el personaje de los Hermanos Karamazov, se transforma en un paraíso. Aquí en mi valle me ha tocado alabarlo. Mientras tanto sigo limando la teoría de la virtud aristotélica, el sistema tomásico de las virtudes y los pecados (¿a quien no le hace falta conocerlos?) y sobre todo el de la gracia sacramental y el desarrollo del espíritu subjetivo, objetivo y absoluto bajo los relámpagos de las elegías de Hölderlin. Homero es el pan de cada día hexámetro tras hexámetro en el verso pabónico que ensayo en la Ilíada. Y Pablo me maravilla en sus cortantes conceptos donde me hallo en una nueva vida que hace olvidar toda la discusión seudo teológica. Por supuesto Boeder me llega por el Dr. Zubiría, como siempre.
EUDAIMONÍA.
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