Es el LASSEN del GELASSENHEIT, es la mansedumbre en el MANSUM, en el sitio del SOSIEGO. Aclaro un poco lo que nos es común después de tres décadas de EXPERIENCIA DEL CLARO en CLARAVAL.
Estamos por ingresar al fragmento octavo de Parménides después de la invectiva de la diosa exhortando a prescindir del tercer camino, el de la mezcla, camino de los hombres pero no del hombre, en cuanto a éste para ser tal se lo invita a diferenciarse de sí con respecto a sí mismo y a seguir la diferenciación de la razón misma, que era mundanal o natural. La diosa lo exhorta a ingresar por el camino de la investigación (in-vestigiis-ire)y le muestra precisamente estos vestigios, estos signos del ente (SÉMATA) que en la Odisea son los el reconocimiento del lecho nupcial de Penélope por parte de Ulises ¿Qué importancia puede tener tal ANAGNÓRISIS en la Filosofía? ¿Acaso la dimensión anárquica de la submodernidad no pone la relación sexual como la alteración metafísica? Mas estos son signos de la PERMANENCIA: LOS DEL LECHO Y LA CONSTRUCCIÓN DEL MISMO POR EL ESPOSO QUE DEBE RECORDARLO ANTE QUIEN LO HA GUARDADO curvando el tiempo, como custodia del ser, es decir PERMANENCIA. Los submodernos oyen el tañido de campanas aunque no sepan quien las tañe, como ha dicho Boeder.
Los signos de la permanencia son mostrados por la diosa en el camino de la verdad para visualizar el ente, signos que rechazan el cambio, el pasar y el venir del camino intransitable, el que no tiene que ser y así es verdadero, como separado del que tiene que ser.
Como hice tantos años recito el soneto 116 de Shakespeare, testigo gratuito de este PERMANECER:
No me permitan admitir impedimento al enlace de las mentes verdaderas,
el amor no se altera cuando encuentra motivos de alteración
y no se inclina con quien cambia a cambiar...
¡Oh no! Es una señal siempre fija
que mira las tempestades sin conmoverse,
Es una estrella para la barca peregrina cuyo mérito
está más alla de toda consideración por más que pueda medirse su altura,
El amor no es juguete del tiempo por más que se marchiten
los labios y las mejillas de rosa, no se altera con las horas breves
o con las rápidas semanas sino que se mantiene hasta el fin.
Si esto es un error y puede probárseme.
O bien yo nunca he escrito
o bien nadie ha amado jamás.
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