martes, 26 de abril de 2011

LA CIENCIA DE LA VERDAD NO DE LAS COSAS

Cuando uno aceptó la invitación de la Filosofía le aconteció aquello que Parménides narra en el proemio. Claro es entonces porqué es un poema:la prosa narra el agrupamiento y la medición de las cosas. Aquí se puso en juego aquello que se suele llamar "utopía" y que según Rousseau es el único lugar para habitar. El espíritu se pone en acto y las aladas palabras lo conducen hacia el telos, la ENTELECHEIA, HACIA LO CONSUMADO en lo cual uno no tiene participacíon sino atreviéndose a desearlo.
Es así que dejó las cosas circundantes que eran prestigiosas y fue enviado tan lejos como su deseo de saber lo embargaba. Fue llevado en volandas como el caballero andante a otro panorama, se arrojó en el lago de pez hieviente a borbollones y se despertó en un lugar donde el sol luce con claridad más nueva. Ni más ni menos que la caverna del libro séptimo de la República adonde debemos hacer estación en este espacio y que atravesó la delicada piel de nuestra juventud como la saeta de Pándaro desviada por la diosa Atenea.
La verdad era el TELOS y no un plexo de cosas para aplicar en la realidad ¿Cual? la que Parménides escucha nombrada por la diosa donde no hay confianza verdadera, aquella donde se verifica la errabundez de las opiniones incesantes que tanto darán qué hacer a Platón. Mas esta ocupación filo-sófica alcanzará su perfección en la ciencia de la verdad que se configura en la PROTE EPISTEME, EN LA EPISTEME TES ALETHEIAS en Aristóteles.
Y el impulso o THYMÓS encontró su sosiego. La verdad era ella misma en su TELOS, medida de todas las cosas, EPEIKENAS TES OYSIAS, LA IDEA DEL BIEN en Platón, lo óptimo en el conjunto del cosmos, LA INTELIGENCIA SIMPLE DIVINA en Aristóteles.
Así comenzó nuestra juventud y por lo tanto no podía concluir nuestra vida filosófica sino con el premio de la RAZÓN LOGOTECTÓNICA, QUE ES LA PAZ DEL PENSAMIENTO DONDE TODO ENCUENTRA SU LUGAR Y SU RELACIÓN O SU RATIO...PARIUM DISPARIUMQUE.
Siempre habrá poesía, siempre quienes prefieren que todo termine bien a despecho del impulso thanático. Ahora sí podremos decir "podrá no haber más filósofos pero siempre habrá quienes reciban con buena voluntad la gracia de la SOPHÍA". Tal es la razón de este espacio: corresponderle a la SOPHÍA, prestarle oído, despertar a su razón que persuade a un diferenciarse de sí mismo.

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