sábado, 28 de septiembre de 2013

DE ISAAK, REBECA HASTA EL MAGNIFICAT

La promesa hecha por la palabra de Dios a Abraham fue el hijo, su descendencia y la tierra en herencia. La lectura de Jesús de este hecho (Abraham vio mi día) y la interpretación de San Pablo me bastaron a mi para comprender lo esencial en medio de los hechos inmediatos del pueblo que lo tuvo por cabeza y patriarca. 
Para nosotros es el padre de la fe que le fue reputada a justicia, cosa que un día comprenderá el rabino Saulo y se convertirá en Pablo.
Y esto es que la descendencia somos los que estamos dispuestos a creer y se extiende en cada persona que se numera por las estrellas del cielo. Tal destino podemos luego seguirlo por Isaac que fue ofrecido en sacrificio en el monte Moriah y que en la Pascua se identifica con el cordero pascual que quita los pecados del mundo. 
Un dato especial me resultó la ternura e unicidad de Isaac con Rebeca a quien amó al verla y constituyó un verdadero matrimonio que es clave en la sabiduría cristiana. De Génesis 2 a Efesios 5 a Juan 2.
No eran las costumbres de aquellos pueblos y así lo experimentó el hijo preferido de Rebeca, Jacob, quien tuvo que tomar dos esposas Lía y Raquel, objeto de tanta alegoría por los padres de la Iglesia.
El relato del encuentro del siervo de Abraham con Rebeca y la decisión de esta de venir a deposarse  con Isaac es impecable y tiene todo el contenido y ritmo sapiencial. Ella le dio agua a él y a sus camellos, eligió ante la demora que sus padres planteaban dejar a sus padres y dijo al ver a Isaac de lejos: ¿QUIEN ES AQUEL HOMBRE QUE VIENE POR EL CAMPO A NUESTRO ENCUENTRO? Isaac que había salido a esperarla la tomó por esposa y LA AMÓ Y SE CONSOLÓ POR LA PÉRDIDA DE SU MADRE.
Este es el claro del encuentro originario, lo demás es la prosa de las crónicas de la inmediatez. Así todas las genealogías que las llenan como las mujeres de Essaú y antes Ismael, personajes del desierto que tendrán historias que llegan hasta nuestros dias.
Essaú es el mellizo de Jacob que vende la primogenitura a Jacob el cual recibe la bendición de Isaac por la astucia de Rebeca, la cual consigue de Isaac la orden de que vaya también él a buscar esposa a la casa de su padre. De camino tiene el sueño Jacob: aquel célebre de la escalera desde cuya cima Dios le renueva la promesa que dio a su abuelo y a su padre: TU DESCENDENCIA SERÁ COMO EL POLVO DE LA TIERRA Y POR ELLA SE BENDECIRÁN TODOS LOS LINAJES DE LA TIERRA.
Siempre en plena contradicción: es lo opuesto a lo que realizarán los hijos de Israel en la historia portando la ley dada a Moisés, viendo la herencia en una etnia y comentando la ley hasta hoy. 
Jacob temió con la presencia de Dios y exclamó: ASÍ PUES ESTÁ JAHVEH EN ESTE LUGAR Y YO NO LO SABÍA. ESTA ES LA CASA DE DIOS Y LA PUERTA DEL CIELO.
Y Jacob llegó a la tierra de sus padres y conoció a Raquel en el pozo y se enamoró de ella pero se le da primero a la hermana mayor y luego a Raquel. Siete años por una y siete por la otra debe servir a su padre, tío suyo. Y la narración se vuelve interesante dejando entre ella la ocasión de la renovación de la promesa y la decisión de darle a Jacob la fuerza de Dios y llamarlo Israel. Sus hijos serán las cabezas de las doce tribus y esto que inmediatamente tendrá su historia claramente se endereza al hijo de su descendencia por una tribu, Judá, de donde vendrá el rey David, luego Jerusalén y de allí el templo y el rasgado del velo tras la muerte de Jesús, hijo de David, nacido en su pueblo Belén de cuya historia nadie puede sustraerse hoy.
En Él y por Él se cumple la promesa con la venida del ESPÍRITU DE LA PROMESA DEL PADRE según se dice al final del evangelio de San Lucas, donde la sabiduría brota con toda fuerza desde la Anunciación, la Navidad y el hogar de Nazaret.
Tenemos a la que canta el MAGNIFICAT.
¿Qué más? 

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