Noé fue el varón más justo de su tiempo y fue preservado del diluvio con la propia construcción del arca, símbolo que no me es posible dejar de ver la Iglesia en ella y sobre todo el hogar sin la más mínima gota de sociología. La intimidad del arca me sobrecogió desde niño y siempre he querido arrebujarme en tal amparo. Yahveh dijo: ENTRE EN EL ARCA CON TODA TU FAMILIA PORQUE ERES EL ÚNICO JUSTO. Las parejas de animales han cautivado por cierto a los hombres amantes de esta nueva ciencia ecológica. YAHVEH CERRÓ LA PUERTA DEL ARCA Y LLOVIÓ HASTA TAPAR LOS MONTES. La prueba de la paloma que volvía al arca hasta que el mundo se secó y volvió la vida a la tierra. Tal renovación provocó una alianza cuyo signo es lo hermoso: el arco iris. La tierra se replueba no sino para que surja el pecado otra vez hasta que en la torre de Babel Dios confundió los lenguajes así como en la injusticia no les había dejado tomar del árbol de la vida. Pareció el lenguaje mismo una vida que los hombres emplearían en el sentido de la soberbia que los infectaba. Y se expandieron en mil peculiaridades por la tierra que tantos sinsabores causan hasta hoy en el entramado del mundo.
Nos quedamos con la intimidad del arca navegando por el océano del ser en la cercanía de la paz.
Por eso ahora nos encontramos con el padre de la intimidad y la obediencia a la voz del Espíritu. El ritmo de Abraham nos contiene por un lado y desde su habitar se abre una ventana de bellísima esperanza:
POR TI SE BENDECIRÁN TODAS LAS NACIONES DE LA TIERRA. En torno suyo se abrió el claro del ser y por cierto apareció la grima en sus contorno: SODOMA: SUS HABITANTES ERAN MUY MALOS Y PECADORES
CONTRA YAHVEH.
A él por el contrario le va dando la promesa, primero: la tierra a su descendencia. Y Dios lo guía en sus empresas que significan un destino. Así aparece Melquisedec sacerdote del Dios altísmo. Y allí comienza la promesa del hijo y de su descendencia por quien bendecirá todas las naciones de la tierra. Su descendencia será como las estrellas.
Nosotros estamos aludidos alegóricamente en toda aquella historia inmediata. Y lo dice el comienzo de los Evangelios: HIJO DE ABRAHAM HIJO DE DAVID refiriéndose a Jesucristo. Y Él mismo dijo al fin de los Evangelios: ABRAHAM vio mi día. Nosotros somos bendecidos, cada uno en cada estrella.
¿Y qué mejor se puede pensar de todo esto? ¿Haremos etnología, historiografía o aún teología? No: dejamos que nos acaricie la narración y su sentido alegórico.
Nos quedamos con la intimidad del arca navegando por el océano del ser en la cercanía de la paz.
Por eso ahora nos encontramos con el padre de la intimidad y la obediencia a la voz del Espíritu. El ritmo de Abraham nos contiene por un lado y desde su habitar se abre una ventana de bellísima esperanza:
POR TI SE BENDECIRÁN TODAS LAS NACIONES DE LA TIERRA. En torno suyo se abrió el claro del ser y por cierto apareció la grima en sus contorno: SODOMA: SUS HABITANTES ERAN MUY MALOS Y PECADORES
CONTRA YAHVEH.
A él por el contrario le va dando la promesa, primero: la tierra a su descendencia. Y Dios lo guía en sus empresas que significan un destino. Así aparece Melquisedec sacerdote del Dios altísmo. Y allí comienza la promesa del hijo y de su descendencia por quien bendecirá todas las naciones de la tierra. Su descendencia será como las estrellas.
Nosotros estamos aludidos alegóricamente en toda aquella historia inmediata. Y lo dice el comienzo de los Evangelios: HIJO DE ABRAHAM HIJO DE DAVID refiriéndose a Jesucristo. Y Él mismo dijo al fin de los Evangelios: ABRAHAM vio mi día. Nosotros somos bendecidos, cada uno en cada estrella.
¿Y qué mejor se puede pensar de todo esto? ¿Haremos etnología, historiografía o aún teología? No: dejamos que nos acaricie la narración y su sentido alegórico.
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