La jornada mundial de la paz nos coloca ante una cuestión que tanto como suele considerarse como atinente al mundo y a sus necesidades de paz nosotros debemos en este espacio del lenguaje que indica considerarlo como el de la relación cercana con Dios mismo que se une a nosotros realmente como cabeza de la humanidad. Y la unión efectiva es paz. Dios con nosotros realiza la paz puesto que ya está encarnado y establecido real y sacramentalmente. Para ello nos ha dejado su paz: EL ESPÍRITU DE LA PROMESA DEL PADRE que se acerca hablando a un hombre y luego renovando su promesa. Ahora el ESPÍRITU completa y llena la creación personalizando, despertando la persona que en el primer libro de la Biblia es hecho a imagen y semejanza. Por eso hay paz navideña: porque se ha consumado la creación con la Persona del Hijo asumiendo la carne. Nada se ha dejado al azar que es la providencia de los imbéciles, como dijo Bloy.
Es muy lógico el decurso de los libros que ya no son ni hebreos ni cristianos porque la persona es ella misma el ser de Dios que la hace partícipe de su gloria, donde no hay griego, ni judío, y cuando se ha derribado el muro que separaba a las culturas. Y si extremamos la conclusión de la encarnación y epifanía: no hay muro divisorio entre las galaxias. Muy duro de creer para la visión científica. Pero ¿qué es mejor?
Disolverse en el azar del cosmos o arriesgarse en el infinito de la fe y en lo arduo de la esperanza.
Hay un fundamento de inexorable lógica: LA CARIDAD ÚNICAMENTE LO CONOCE y quien ama lo ve.lo espera y lo posee. La paz es un acto interior de la caridad, un efecto, un final gozoso y necesario.
Es la última palabra de la historia porque es la misma cercanía del ser.
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