jueves, 11 de diciembre de 2014

PABLO Y JUAN EN ÉFESO

Ahora Jesús se dirige al Padre. Aquí hay una indicación clara del vínculo trinitario donde el Hijo le habla al Padre en nuestra presencia. Se le llama oración sacerdotal porque es el Hombre Dios quien habla en nombre nuestro y va a recibir la Pasión como sacerdote eterno.
Pero es un gozo máximo para nosotros participar del diálogo entre las dos Personas Divinas haciéndonos saltar de nuestra finitud a la contemplación del Dios verdadero, es decir el Dios vivo que se caracteriza por la gloria:
PADRE GLORIFICA A TU HIJO PARA QUE TU HIJO TE GLORIFIQUE A TI.

Y tal glorificación consiste en que nos dé a nosotros vida eterna. Y ESTA ES LA VIDA ETERNA: QUE TE CONOZCAN A TI ÚNICO DIOS VERDADERO Y A QUIEN ENVIASTE, JESUCRISTO.
El hecho del envío es totalmente fundamental en la comprensión de este evangelio. La palabra ha sido pronunciada muchas veces porque es reveladora del Dios verdadero, el trinitario.
El Hijo enviado lo ha glorificado al Padre cumpliendo su mandamiento que ha de aniquilar las consecuencias del pecado, propio de las criaturas. Ahora pide el Hombre Dios volver a tener la gloria que antes tenía ahora en su condición de tal. ANTES QUE EL MUNDO FUESE. Misma expresión que la del himno de Efesios.
¿Por qué somos nosotros en el mundo? ¿Para qué el mundo mismo es? Pablo lo ha dicho: PARA LA ALABANZA DE LA GLORIA DE SU GRACIA CON LA CUAL NOS AGRACIÓ A NOSOTROS EN EL AMADO.
La alabanza de la gloria es nuestro ser, la gloria en nosotros como gracia.
Ambos estuvieron en Éfeso y María con Juan. Confluencia de las Escrituras que tienen un lógica férrea. Del Génesis al Apocalipsis. 

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