La fe une al cuerpo de Jesucristo. Éste es el hecho, res et sacramentum. Saliéndonos de la medida de este mundo no quedamos separados de la realidad sino que nos integramos a la realidad estatuida antes del establecimiento del mundo en la elección ante su faz de la que habla Pablo en Efesios.
De esta realidad viene a salvarnos el Verbo encarnado: no de la carne sino del encerramiento de la caverna platónica donde resuenan los ruidos de los hombres que llevan artificios de su propia hechura.
¡Y qué ruido de reuniones de toda clase que anulan la palabra que el Verbo nos indica y la destina a que la guardemos!
Pero esa palabra produce el gran inconveniente para los amantes de la realidad inmediata a la cual se aferran con uñas y dientes: que nos hace suyos y nos coloca más acá del mundo en la morada de los personas infinitas y nos va llevando al cielo de los cielos que ojo no vio ni oído oyó. La palabra nos libera y al salvador el mundano pretende borrarlo.
Por eso desde que habló tal lenguaje absoluto y redentor de esa manera, la del pan bajado del cielo que da la vida eterna, querían matarlo los religiosos.
Y Dios morirá, y los hombres responsables del poder más el pueblo lo harán. Nietzsche vino muy luego a lanzar sus palabras modernas.
De esta realidad viene a salvarnos el Verbo encarnado: no de la carne sino del encerramiento de la caverna platónica donde resuenan los ruidos de los hombres que llevan artificios de su propia hechura.
¡Y qué ruido de reuniones de toda clase que anulan la palabra que el Verbo nos indica y la destina a que la guardemos!
Pero esa palabra produce el gran inconveniente para los amantes de la realidad inmediata a la cual se aferran con uñas y dientes: que nos hace suyos y nos coloca más acá del mundo en la morada de los personas infinitas y nos va llevando al cielo de los cielos que ojo no vio ni oído oyó. La palabra nos libera y al salvador el mundano pretende borrarlo.
Por eso desde que habló tal lenguaje absoluto y redentor de esa manera, la del pan bajado del cielo que da la vida eterna, querían matarlo los religiosos.
Y Dios morirá, y los hombres responsables del poder más el pueblo lo harán. Nietzsche vino muy luego a lanzar sus palabras modernas.
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