QUIEN VINO DE DIOS HA VISTO AL PADRE. Nosotros si Dios es Dios no podemos verlo, por ello sabemos acerca suyo anticipadamente por la narración del Génesis y desde allí se viene perfilando la venida del Hijo de Dios que será hijo del hombre.
Muy lógico es verlo del modo en que siempre se ha visto por los santos padres, por los santos pensadores y por lo que se ha llamado Iglesia.
Nosotros leemos simplemente las palabras que dicen precisamente esto. En el lenguaje no hay preocupación si es así lo que se dice: la realidad es el lenguaje mismo sin metafísica alguna. Es el lenguaje
el que se explaya y dice que nadie ha visto al Padre sino el Hijo y nadie lo conoce sino a quien se lo ha querido revelar. De este modo no hay que convencer a todos ni a cada uno ni menos obligar a la fe.
EL HABLA HABLA y ni siquiera argumentamos sino que recogemos lo que dice. Claro está no ocultamos nuestro beneplácito: mejor es tener una comunicación de este peso: TODO AQUEL QUE OYÓ LA VOZ DEL PADRE Y APRENDIÓ VIENE A MÍ. El Hijo decía y el Padre enseñaba, dice Agustín. Enseñaba a aquel que oye a su Verbo. Y éste oye la voz del Padre y habla de ello exactamente y con su palabra atrae a quien oye.
El abandonarse a tal atracción es la fe la cual al tiempo en que sigue recibe a quien ha de ser seguido. Y lo que recibe es vida eterna porque es Dios quien invita por más que lo veamos como hombre.
Pero tal invitación será la más grande paradoja: YO SOY EL PAN VIVO QUE DESCENDIÓ DEL CIELO PARA QUE EL QUE COMIERE DE ÉL NO MUERA...EL PAN QUE YO DARÉ ES MI CARNE POR LA VIDA DEL MUNDO.
Así la vida asumió la muerte para que la muerte fuese destruida por la vida. Los padres de aquellos judíos no creyeron en lo que veían acerca del maná y murmuraban como ellos mismos que ahora escuchaban a quien habían de crucificar. Ver y estar presente y no entender es algo de lo que se queja el hombre Dios y corroboramos nosotros a cada instante en el otro lenguaje: el del cine y el de los periodistas y propagandas.
Ven la tradición de dos mil años y no entienden la Eucaristía en cuanto se dice que toda religión es igual.
No hay ya religión sino invitación a comer su carne. Y fue escándalo esto: EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE TIENE VIDA ETERNA Y YO LE RESUCITARÉ EL ÚLTIMO DÍA.
Ante tal determinación quien tiene oídos y responde al instinto de conservación dice: me quedo con esta invitación, está en mí querer la mejor propuesta: la vida eterna. Pero nosotros quedamos cautivados por la persona que nos invita más que por la misma invitación. Sí que queremos resucitar pero para estar junto a quien abrirá de tal modo el camino a la vida eterna y me solicita como amigo.
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