miércoles, 8 de octubre de 2014

ENVÍA EL PADRE LA VIDA ETERNA

YO SOY EL PAN DE VIDA: EL QUE VIENE A MI NO TENDRÁ HAMBRE Y EL QUE EN MÍ CREE NUNCA TENDRÁ SED.
La repetición es esencial a quien generosamente invita. Esta no es la parábola de las bodas sino que aquí el Verbo nos abre la puerta de su casa a comer y beber. Pero él sabe quien viene y quien no: el Padre le da a los bien dispuestos para que los resucite en el último día. TODO AQUEL QUE VE AL HIJO Y CREE EN ÉL TIENE VIDA ETERNA.
Así nos resucitará el último día. No hay qué agregar ni qué preguntar en general. En particular nos preguntamos dónde estaremos y con quienes. Él nos anticipa su presencia en nosotros en su discurso final. Cada uno somos como uno de los apóstoles y María construye nuestro hogar junto a ella.
Está en juego la vida eterna pero con El que es la vida.

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