sábado, 5 de octubre de 2013

NUESTRA SABIDURÍA A LA CUAL AMAMOS

En todos estos libros hay un hilo conductor que es la promesa mas esto proviene de la clara y decidida revelación del principio y del fin. Al principio creó Dios el cielo y la tierra. Surgió desde y por un principio expresivo y por lo tanto verdadero: “dijo y se hizo” y lo adecua a un fin que resulta bueno. Se mencionan siete días, escalones o círculos que llegan al fin último, como diría Aristóteles, que es el principio (YO SOY EL ALFA Y LA OMEGA). El séptimo es el reposo del movimiento de los siete días hacia adonde se lleva el ser que es imagen y semejanza, obra ya muy buena del sexto día. El “hagamos” implica un ingreso en la intimidad de Dios, del que dice “hágase” y lo hace como totalidad de varón y mujer a quien se llama “hombre”. Esta relación de personas es la imagen y luego sabemos que es imagen de la imagen de Dios. Esto es realmente expresivo del interior de la revelación que es PALABRA DEL SER HECHA CARNE a quien hemos visto y tocado y nos toca en la EUCARISTÍA.
En la segunda narración aparece la razón del porqué es así como es en nosotros y aparece el pecado ¿Cómo puede ser pecado conocer el bien y el mal y ser como uno de ellos (las Personas Divinas)?
Bien: no debíamos comer del árbol de la vida ya conocedores del bien y del mal. Sería peor. La muerte frena los males. Eso lo dice Dios expresamente y nos retira del lugar del árbol de la vida. Y así morimos, enfermamos y languidecemos después de un período de relativo vigor. Nos queda sólo una posibilidad: la sabiduría. Pero la serpiente acecha el talón, el diablo nos acecha como un león. Y si bien el pecado creció y la gracia posteriormente lo sobrepujó lejos quedamos del paraíso. Debemos ser en el mundo que no ayuda ni nos pertenece.
Es nuestro el reino pero no lo tenemos a mano sino en la oscuridad de la fe y en el clamor auxiliador de la esperanza. Cada vez que lo poseemos en la caridad llueven bombas de furia sobre nosotros según se describe en el Apocalipsis capítulo doce. Jesús nos insta a la paciencia con aquel: “he aquí que vengo pronto”.
Y no debíamos permanecer ya malos comiendo la vida hasta que el hijo de la nueva mujer nos rescatara del mal efectivamente en la cruz, no por una moral.
Aquí en la Biblia hay una sola causa o fundamento hacia donde toda verdad se encamina: la cruz del LOGOS o el LOGOS DE LA CRUZ que todo la consuma Y lo demás poco vale sin ello y como moral es un yugo que Nietzsche alentó a sacudir y que hoy nos inunda: la moral de los valores que como vacua es indestructible.
Mientras tanto la Biblia se dedica a anunciar la venida del salvador y a dar preceptos y consejos de sabiduría y a proteger a los santos, a quienes quieren cumplir la voluntad de Dios, a quien nadie vio jamás ni puede ver porque habita en una luz inaccesible.
Moisés vio la luz y recibió el nombre de Dios, el piélago del ser, como dice Tomás, el océano del ser como dice Dante, pero no le preguntó quien era, como dijo Agustín. Él mismo escribió el  de Trinitate y concibió la Trinidad en la mente. La Trinidad de las personas es fundamento de la creación de la gracia y de la encarnación, historia del hombre Dios que nos rescata.
Nosotros bajo la gracia vemos su rostro en la fe porque lo tenemos dibujado por el amor en nuestras entrañas como dice Juan de la Cruz. Nosotros sentimos su mano que nos lleva en la esperanza y su presencia en nosotros en la declarada amistad que nos hizo dirigiendo a cada uno su palabra.
Este es el claro de la sabiduría que efectivamente nos posee. Pero el amigo comparte con el amigo todo y nosotros debemos pasar por la cruz tomando parte en la pasión y recibiendo sus frutos.
La resurrección es el resultado para que seamos santos ante su faz en el amor. Aquí podemos verificar lo que latía en el Antiguo Testamento y el fin de la promesa cumplida. No hay otra cosa en la sabiduría bíblica sino Cristo crucificado y resucitado que nos da parte de su ser, es decir del ser de Dios que “es su ser” en la cercanía de las Personas. Para esto viene a nosotros, hace morada en nosotros y nos hace cabalmente “personas”.
Lo otro que la liberación submoderna, donde el anti cristo, el anti hombre proclama “el hombre ha muerto” ¿No es el homicida desde el comienzo? Él le dijo “no” a la mostración de Dios que lo invitaba a la caritas, es decir no sólo lo creaba sino que lo amaba. Le dijo no al amor que exigía ser “no yo sino vivir Cristo en mí”. Le dijo no a la humildad o vaciamiento. Se afirmó en su superioridad creatural y cayó de su sitial de primero, porque el leit motiv de la sabiduría es:
                     EL ÚLTIMO ES PRIMERO
                     Y EL PRIMERO ÚLTIMO.

Así María y SU HIJO, EL DE LA PROMESA, quien le cortó la cabeza y se hizo nuestra cabeza o rey de la humildad. EN QUIEN PARA QUIEN Y POR QUIEN HEMOS SIDO CREADOS como se dice en Colosenses.   

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