lunes, 28 de febrero de 2011

EL CLARO EN EL CLARO

Estamos en este mundo: no debe creerse otra cosa pero la filosofía según Platón nos hace divinos y así nos crea a ese Sócrates de la Apología, que expresa algo semejante a Pedro ante el sanedrín: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. También Sócrates se lo dice a los atenienses que lo enjuician, nada más que él habla de un dios desconocido y a quien posee  adjetivamente como orden bello, diferencia entre épocas fundamental: en Sócrates saber revelado por las Musas a los poetas. Precisamente este saber revelado es lo que Heidegger presiente como CLARO DEL SER, donde es el ser quien determina. Estamos en un plan donde hay ser (frente al "hay hombre" de Sartre). Por eso subrayamos el claro, que son para nosotros ya las sabidurías donde estamos subyugados por las Musas, por el Espíritu Santo, por la naturaleza . Las Musas son la armonía de lo bello como proporción. El Espíritu Santo es EL SEÑOR VIVIFICANTE DE LA GRACIA. La naturaleza me está llamando desde el bosquecillo con la paloma y el estremecerse de los árboles por la brisa en esta tierra, en este instante, por estas inefables nubes blancas de la tarde que navegan hacia las cimas de estas sierras que me abrazan delicadamente con sus ondas de añil ¡Oh marvilla, hoy y ahora en esta tarde!
Así podemos afirmar que estamos en la tierra como hombres tomados de la tierra, entonando cantos de gracia que repercuten en el éter, que es de un azul que con nada se paga y frente al cual no admitimos torres de babel que lo obturen ni menos fábricas que lo oscurezcan. Montañas, sólo montañas que beben ese azul admitimos con pasajeras nubes y aves que rasgan los aires. Desde ese claro los pastores del ser fueron invitados, abierto el cielo de la gloria, a ver la sencillez máxima de un hogar, el del pesebre donde un niño reposaba. Y allí el PTR, MTR, nuestras  primeras palabras indoeuropeas. La luz del claro de la gloria en la luz del claro de la tierra sobre la cual se habita, la luz del claro del hogar donde se inhabita. Lo demás es mundo por donde pasamos pero donde el HIJO DEL HOMBRE NO PUEDE RECOSTAR SU CABEZA. Hay mercados pero no hay íntimo amparo. Hay multiplicidad creciente de cosas. Pero las personas crecen en la tierra bajo el cielo como el árbol. Por eso esto es filo-sofía, amistad con la sabiduría. Ahora estamos en la cercanía de estas palabras que nos hieren en el corazón como saetas poéticas. En la historia quedaron las realizaciones de la FILOSOFIA con Aristoteles, Tomás y Hegel; las denuncias acerca del hombre que debe ser salvado en Marx, Nietzshe y Heidegger en el mundo encerrado sobre sí. Estamos en el lenguaje que habla solamente y en aquel que nos interpela como auditores corresponsables, como PERSONAS donde resuena el CATECISMO HOMÉRICO, EL DEL VERBO HECHO SIGNO OPERANTE, EL DE LA NATURALEZA QUE NOS TRASPASA CON SU LUZ Y NOS ENVUELVE EN SU EMBRIAGADORA BELLEZA. Personas donde resuena en lo simple lo denominado absoluto, que quiere decir libre, autónomo, no sometido a lo indeterminado y desfigurado de libros y libritos, de morales, moralinas y contramorales, del mercado de los intelectuales y las instituciones educativas religiosas o antirreligiosas (digo esto amando las escuelas) Sólo las personas me interesan que son rostros, perfiles únicos que me dicen como el zorro del PRINCIPITO: DOMESTÍCAME. Precisamente de DOMUS, OIKOS, ETHOS, DEMOS, PARA CONCLUIR EN INDOEUROPEO.
Mi maestro siempre repetía aquello de Goethe: ¡hay que conquistar lo que se hereda!

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