La ceguera
de los hombres encerrados no les permite ver la luz de la gloria y el ciego de
nacimiento APARECE A CONTINUACIÓN PARA MANIFESTARLA. El evangelio de Juan sigue
la lógica subrayada en el de Lucas. Tiene su propio leit motiv. Venimos desde
las bodas de Caná pasando por la samaritana y el discurso del pan de vida
arribando a la luz del mundo: MIENTRAS ESTOY EN EL MUNDO YO SOY LA
LUZ DEL MUNDO.
El máximo
momento de la revelación es esta cuando el Verbo se auto revela en la cercanía.
Ahora toca al ciego haciendo lodo y se sana: NUNCA JAMÁS SE OYÓ DECIR QUE
ALGUNO ABRIESE LOS OJOS DE UN CIEGO DE NACIMIENTO, díceles el ciego a los
furiosos fariseos que lo echan fuera insultándolo. Jesús lo encuentra y viene
la revelación plena al último que pasa a ser primero: CREES EN EL HIJO DE DIOS?
y él: ¿Quién ES PARA QUE CREA EN ÉL? Entonces como a la samaritana le dice: LE
HAS VISTO Y QUIEN HABLA CONTIGO ÉL ES.
El Verbo
vino a hacer un juicio: que los que no ven vean y no vean y los que creen ver.
Más
filosófico que esto nada de Platón a Heidegger. Digo esto para quienes lo
consideran “mera religión” ¡El mismo Heidegger!
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