miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA PROMESA DE LA FELIZ QUE CUBRE LOS DOLORES

La historia de la necedad. Cuestión que involucra la cerrazón ante el hecho de que la promesa se ha cumplido de parte del Dios que habla y dice: "te colmaré de bendiciones" al cual Pablo alaba: BENDITO SEA EL PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO PUES NOS HA LLENADO DE TODA CLASE DE BENDICIONES ESPIRITUALES EN LOS CIELOS.
La promesa se ha consumado esclarecida por la palabra pronunciada a Abraham y encarnada en la mujer que aparece en el cielo.
Este es un hecho linguístico que acontece, es temporal. Que uno lo pueda medir y que lo intente reducir a un fenómeno religioso no excluye que acontezca en la dimensión del ser.
Acontece en sí y es el sol de una aurora que se inició con la promesa que fue temáticamente cumplida en la irrupción objetiva del Espíritu Santo  que floreció en la primavera que tiene a María por primicia.
Ella es la inmaculada concepción y la ASUMPTA IN GLORIA. En ella la promesa se cumplió en cuanto es la primera criatura en la dimensión del ser, en la obediencia a su Palabra que en ella se hizo hombre y se sometió como hijo.
No hay modo de ignorar o mitigar este acontecer del ser en el tiempo: SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS, ES DECIR EN EL HOGAR DE NAZARET. Tratan de humanizarlo y lo cosifican ¡Qué más humanización que la de aquella que es reina de la humildad! Y así de última pasa a ser primera ASUMPTA IN GLORIA.
Nosotros estamos acostumbrados a vivir en el sistema de los entes en un mundo que se bloquea frente al ser y se encierra por necesidad. Y si hay algo podrido en Dinamarca hay nobleza mártir en ella.
Y en la cultura medieval está la figura de la madre de Dios que fundó Europa como lo muestra el homenaje de los hombres de buena voluntad. Ella está plasmada en mil templos y los hijos la acompañan, mártires en gran número.
Y el hogar, la intimidad y el dolor en la humanidad es suyo.El ícono inició esto que llega hasta hoy a través de todos los lugares de la tierra: ME LLAMARÁN FELIZ TODAS LAS GENERACIONES, copió San Lucas en los sesenta del primer siglo.
Aquí se cumple la promesa de la cual finalmente habla el autor de la Epístola a los Hebreos. Luego viene Juan el guardián que permanece hasta que Él vuelva y la recibió en la intimidad de su ermita efesina. 

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