DIOS ES VERBO Y DIOS ES ESPÍRITU QUIEN AL RECIBIRLO DE AMBOS A SU VEZ ESPIRA COMO EL VERBO ERA HACIA QUIEN LO ENGENDRA. uno se toma esta libertad de hablar así de Dios por la parresía pero se estremece al decirlo. Él nos ha revelado lo que pertenece a nuestra filiación aunque nosotros no lo comprendamos y no presumamos hacerlo. Hablábamos así alentados por el entusiasmo de receptores de la luz que se derrama generosa sobre quienes quieran aprehenderla. Porque no se trata de solamente sino de vida y concretamente de pan de vida.
YO SOY LA VOZ DE QUIEN CLAMA EN EL DESIERTO. Todo profeta tiene en él su modelo, aún Nietzsche. Pues él anuncia que ya está en medio de los Judíos quien es tan humilde que sin embargo él no es digno de desatar las correas de sus sandalias. Endereza él sus sendas con esta actitud contrapuesta a los sabios de Israel.
Entonces aquí está lo paradójico: EL CORDERO QUE LLEVA SOBRE SÍ LOS PECADOS DEL MUNDO a quien él muestra pasando delante del evangelista Juan y de Andrés quienes comienzan a preguntar -una vez habilitados por la pregunta del destinatario- por el fundamento: DONDE HABITAS, DONDE MORAS.
No es menos fundamental la declaración del bautista: QUIEN BAUTIZA EN ESPÍRITU SANTO, ES EL CORDERO PASCUAL QUIEN ASUME LOS PECADOS DEL MUNDO. He aquí dos sacramentos: bautismo iluminador y eucaristía que es pan de vida. Luz y vida para los hombres que vienen a este mundo ya elegidos como personas pero cubiertos por la tiniebla del mundo. Él vio la paloma descender sobre quien estaba puesto antes.
Por más gnóstico que ello pudiera parecer y aunque el mundo encerrara luz sería tiniebla ante aquel a quien el profeta Juan no podría desatarle la correa de su calzado y que siendo el VERBO DEL PADRE SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS.
Esto es anti gnóstico: HABITÓ TREINTA AÑOS EN UN HOGAR Y LLAMA A HABITAR A JUAN Y ANDRÉS quienes vieron Y HABITARON CON ÉL AQUELLA TARDE.
VIERON DÓNDE HABITABA (MENEI) Y PERMANECIERON JUNTO A ÉL (PARÁ) AQUEL DÍA.
Testigos los dos: el bautista y el evangelista. Uno anuncia al cordero pascual el otro lisa y llanamente el habitar, el más acá, la luz de la cercanía máxima y admirable en su propia PERMANENCIA.
YO SOY LA VOZ DE QUIEN CLAMA EN EL DESIERTO. Todo profeta tiene en él su modelo, aún Nietzsche. Pues él anuncia que ya está en medio de los Judíos quien es tan humilde que sin embargo él no es digno de desatar las correas de sus sandalias. Endereza él sus sendas con esta actitud contrapuesta a los sabios de Israel.
Entonces aquí está lo paradójico: EL CORDERO QUE LLEVA SOBRE SÍ LOS PECADOS DEL MUNDO a quien él muestra pasando delante del evangelista Juan y de Andrés quienes comienzan a preguntar -una vez habilitados por la pregunta del destinatario- por el fundamento: DONDE HABITAS, DONDE MORAS.
No es menos fundamental la declaración del bautista: QUIEN BAUTIZA EN ESPÍRITU SANTO, ES EL CORDERO PASCUAL QUIEN ASUME LOS PECADOS DEL MUNDO. He aquí dos sacramentos: bautismo iluminador y eucaristía que es pan de vida. Luz y vida para los hombres que vienen a este mundo ya elegidos como personas pero cubiertos por la tiniebla del mundo. Él vio la paloma descender sobre quien estaba puesto antes.
Por más gnóstico que ello pudiera parecer y aunque el mundo encerrara luz sería tiniebla ante aquel a quien el profeta Juan no podría desatarle la correa de su calzado y que siendo el VERBO DEL PADRE SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS.
Esto es anti gnóstico: HABITÓ TREINTA AÑOS EN UN HOGAR Y LLAMA A HABITAR A JUAN Y ANDRÉS quienes vieron Y HABITARON CON ÉL AQUELLA TARDE.
VIERON DÓNDE HABITABA (MENEI) Y PERMANECIERON JUNTO A ÉL (PARÁ) AQUEL DÍA.
Testigos los dos: el bautista y el evangelista. Uno anuncia al cordero pascual el otro lisa y llanamente el habitar, el más acá, la luz de la cercanía máxima y admirable en su propia PERMANENCIA.
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